jueves, 2 de febrero de 2017

Banda de Orcos, Rodolfo Santullo (guión) y Marc Borstel (arte)



Orcos noir
 

Los géneros, no importa si en narrativa gráfica o literaria, demandan un equilibrio entre lo mismo (aquello que vincula el relato en cuestión al género) y lo nuevo (lo que lo hace valer la pena y trascender la mera repetición de lugares comunes agotados). A la vez, cabe pensar que algunos géneros toleran un peso mayor de lo mismo y otros demandan un énfasis más notorio en lo nuevo; de esta manera, la ciencia ficción clásica reclamaba “originalidad” mientras que la fantasía épica tolera el ensayo de variantes más bien tenues sobre el repertorio de figuras consagrado por Tolkien en El señor de los anillos y El Silmarillion. Es cierto que las obras maestras del género (Canción de fuego y hielo, Terramar, Elric de Melnibone, etc) arriesgan una distancia mayor con el molde, pero nadie puede dudar que buena parte del cuerpo del género, al menos a nivel comercial, se limita a imponer variantes mínimas a su matriz.
 
En ese sentido, Banda de Orcos, la novela gráfica de Rodolfo Santullo (guión) y Marc Borstel (arte) propone un equilibrio atendible entre los lugares comunes del género (magia, batallas, razas diferenciadas, feudalismo, etc) y el ímpetu de ofrecer una vuelta de tuerca. Su trama es sencilla: sigue a un grupo de orcos en su intento de regresar a casa tras haber llegado tarde (y en esa “llegada tarde” aparece ya una modulación de interés con respecto al ímpetu épico del género) a una batalla decisiva; en el camino, por supuesto, se toparán con resabios de esa batalla y con personajes en principio más “nobles” que ellos, al menos de acuerdo a los esquemas o taxonomías clásicas o tácitas del género. Pero Santullo no evita ofrecer esquemas demasiado maniqueos sino que –y aquí aparece uno de los elementos de mayor interés en su guión– tampoco condesciende a imponer nobleza u honor a sus protagonistas orcos para garantizar de esa manera la empatía del lector. Por cierto, que integrantes de esta especie fantástica reclamen protagonismo no es algo nuevo (pasa, por ejemplo, en el videojuego Warcraft III y en la película inspirada por esa serie), pero en general cuando se propone como personaje principal un orco (o un grupo de orcos) se opta también por destacarles/inventarles alguna virtud –honor, sacrificio, etc– que facilite la mencionada empatía; Santullo, felizmente, no repite ese gesto, y a sus orcos los mueven apenas móviles egoístas o de supervivencia. Casi como si se tratara de un híbrido entre la crook-story de la novela negra y la fantasía, con una modulación a una narrativa, digamos, amigable con los lectores jóvenes. Black fantasy o hard-boiled fantasy, digamos, para diferenciarla de la dark fantasy, o fantasía hibridada con el horror y lo inquietante.
 
El guión, entonces, es interesante y funciona bien; pero es en el arte de Marc Borstel –que también se nutre de lugares comunes del género y les impone un giro personal– donde Banda de Orcos brilla más. La narración visual es fluida y dinámica, y el diseño de personajes (y razas) sugerente. Es fácil notar la impronta del modelo de producción elegido por Peter Jackson para sus seis películas ambientadas en la Tierra Media (los “sindiros” de este libro se parecen en cuanto a yelmos y armaduras a los elfos de la Segunda Edad en el prólogo a La comunidad del anillo; el armamento y las defensas de los orcos recuerda al de los Uruk-hai en esa misma película y en Las dos torres), a lo que cabe sumar la representación de las “falkirias”, cuya evidente sensualidad remite a comics europeos setentero-ochenteros, pero Borstel se las arregla para imponer, especialmente a nivel de detalles, su propia variante del estilo consagrado por el género. Y dibuja y entinta maravillosamente bien. Quizá merezca, de paso, una atención especial su tratamiento de los fondos o escenarios, que funciona perfectamente en el contexto de un género en el que las geografías ficticias (no en vano casi todos los libros de high fantasy o fantasía épica incluyen mapas) son tan importantes.
Banda de Orcos, subtitulado Una razón para morir, es notoriamente la primera entrega de una saga. Lo que ofrecen sus 74 páginas de relato y otras tantas de diseño de personajes, entonces, cumple con el objetivo de dejar al lector pidiendo más.

Publicada en La Diaria el 6 de enero de 2017

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