La
máquina de resolver crímenes

Isaac Asimov no estaba de acuerdo. Y para
demostrar que Campbell estaba se equivocaba propuso establecer reglas claras
desde el principio y operar dentro de sus límites. Así, buena parte de los
relatos de robots y las novelas The Caves
of Steel (1954, traducida como Las
bóvedas de acero) y The Naked Sun (1957, El
sol desnudo) son whodunnits (subgénero
del policial en que la trama evoluciona hacia el esclarecimiento del crimen)
cuyas condiciones de resolución son inseparables de las “tres leyes de la
robótica” establecidas en los relatos como manera de generar una suerte de
garantía de seguridad para los humanos (y, de hecho, estos relatos policiales
de Asimov suelen girar en torno a crímenes aparentemente cometidos por robots).
Por cierto que no se agota en la habilidad
narrativa del Asimov más clásico la fusión policial + ciencia ficción; así, los
mejores ejemplos del mix acaso sean The
Demolished Man (1953, El hombre
demolido), de Alfred Bester, y, saltando casi tres décadas, la todavía fascinante
Neuromante, de William Gibson, que en
lugar de tomar como referente el policial clásico hace lo propio con la novela
negra a la Raymond Chandler y Deshiell Hammett. Acaso la ciencia ficción, si se
tratara acá de arriesgar una hipótesis, podría ser presentada no tanto como un
género (no al menos un género en el sentido en que lo es el policial) sino como
un campo de posibilidades, desde el que escribir ficciones sobre crímenes,
relatos de aventuras, novelas de tesis, etc.
Es interesante leer desde esta perspectiva
dos de las más recientes novelas gráficas de Rodolfo Santullo, El dormilón (junto al dibujante Carlos
Aón) y Reflejo (junto a Jok). Ambas
se inscriben cómodamente en la ciencia ficción y ambos son policiales; un
misterio de cuarto cerrado el primero y un policial negro, el segundo.
Empecemos por este último. El referente más
claro para la polinización cruzada entre la novela negra y la ciencia ficción es
quizá la película Blade Runner, y en
las páginas de Reflejo aparecen no
pocos homenajes al clásico de Ridley Scott, aunque estas referencias no agotan
el interés que pueda ofrecer el libro; Santullo, a la vez, no se esfuerza por
ofrecernos un escenario futurista explorado a fondo, pero la química o sintonía
más que notoria con su dibujante termina por ofrecer, a nivel de los detalles,
un mundo convincente, fascinante y amenazador, con mucho más que investigadores
duros (y duras), androides, clones y autos voladores que despegan entre nubes
de vapor. Es fácil concluir, de hecho, que la historia calza a la perfección
con el estilo barroco y convulso de Jok.

Pasa algo parecido con El dormilón, donde el escenario futurista es aún más tenue o
esquemático y apoyado en lugares comunes de la narrativa postapocalíptica
(catástrofe ecológica y económica, humanos que se refugian en comunidades que
se quieren autosuficientes pero que quizá no lo sean, piratas/caníbales de
carretera, ricos que huyen a las colonias espaciales). Y la solución a la
pregunta de quién mató a…, acá si
dentro de los parámetros del policial clásico, es tan simple y clara que el
efecto de lectura, en lugar del que podría ofrecer otra reiteración más de
ciertos tópicos, es de una magistral economía de medios, una suerte de
minimalismo, digamos, apuntalado por el estilo de Carlos Aón, que ofrece
pequeñas maravillas como la última viñeta del libro o la más que notoria
expresividad de las páginas 75 y 27.
En ambos casos, entonces, el énfasis está
puesto en el policial. Son, digamos, ejemplos o ejercicios sobre subgéneros del
policial (la novela negra y el misterio de cuarto cerrado) que se sirven de
escenarios de ciencia ficción o, por decirlo de otro modo, que trabajan con
lugares comunes y esquemas consabidos de la ciencia ficción. Esto no implica
una valoración negativa o escéptica: por el contrario, Santullo toma de la
ciencia ficción exactamente lo que
necesita, ni un átomo más ni un átomo menos, y dosifica esa traza de género
–por decirlo de alguna manera– en el contexto que sin duda sabe manejar mejor y
disfruta más, el del policial.
Publicada en La Diaria el 11 de noviembre de 2016