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jueves, 19 de febrero de 2015

Sangre y sol, Nahus & Alves



El gallego y los samurais
 

Abel Alves (Ferrol, España, 1981), qué duda cabe, es el más interesante entre los novísimos historietistas de la escena local. Sus primeros trabajos publicados por estas latitudes pertenecen a Zombess, su saga humorística y übergeek iniciada en el blog webcomic Marche un cuadrito y recogida posteriormente en dos volúmenes, Zombi psicópata adolescente y El orbe del conocimiento. Después publicó un relato breve en el compilado Otoño, donde su afición por la obra de H.P.Lovecraft derivó en un tratamiento más alejado del humor y cercano a la fuente de horror cósmico de los famosos Mitos de Cthulhu, y participó del proyecto histórico Bandas Orientales. Ahora –hace unos meses, en realidad– se puede encontrar en librerías su tercer libro, la novela gráfica Sangre y sol.
 
El libro es por supuesto interesante en sí mismo y muy disfrutable como historia de intriga y aventuras en clave de novela histórica (ya llegaremos a eso), pero también vale la pena detenerse por un momento en su lugar dentro de la obra de Alves, quien para esta oportunidad prefirió desempeñarse como guionista y dejar los lápices a otro dibujante. 
 
Podemos pensarlo de muchas maneras, pero quizá sea válido ver en ese gesto algo parecido a lo que lleva a ciertos escritores a publicar algunos de sus libros bajo un  pseudónimo; Levrero, por poner un ejemplo cercano, sintió en su momento que la “persona” que venía construyendo con sus primeros libros no estaba del todo sintonizada con los códigos estéticos y conceptuales de la novela Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo, por lo que optó por firmarla (curiosamente no se trató de un pseudónimo sino de una suerte de recolonización de su nombre “real”) como Jorge Varlotta (recordemos que el nombre completo del autor de Desplazamientos era Jorge Mario Varlotta Levrero). Podría pensarse, entonces, que ciertos contenidos, para Abel Alves, funcionan mejor trabajados en el estilo de otro dibujante, y probablemente tenga razón. Los trazos de Zombess, que funcionan a la perfección dentro de los límites de esa propuesta, difícilmente habrían resultado los ideales para una historia esencialmente “seria” (perdón por el término tan poco preciso) como Sangre y sol, de modo que la idea de confiar ese guión a otro dibujante puede ser reconocido como uno de los primeros aciertos de la propuesta. Y la elección de Nahuel “Nahus” Silva, con su estilo visceral, lleno de manchas y trazos cuya imprecisión parece potenciar tremendamente su expresividad, sin lugar a dudas marcó la personalidad de esta novela gráfica. Es fácil imaginar una historieta de corte histórico que se proponga hacer equivaler la precisión en la representación de la época con un dibujo de línea clara, también preciso y detallista, pero la elección de Silva, justamente, implica una elección diferente y más arriesgada, que confiere a Sangre y sol una personalidad extraordinaria. 
 
Es cierto que algunas viñetas no parecen del todo bien resueltas, o que en algunas páginas el dibujo da la sensación de haber sido notoriamente menos trabajado (la página 16, en particular la tercera viñeta, podría ser un buen ejemplo) que en los mejores momentos del libro, pero defectillos de este tipo no empañan, en mi opinión, el balance general. La idea de poner a Nahuel Silva a cargo de la parte gráfica, entonces, puede pensarse como arriesgada y exitosa, a contrapelo quizá de lo que habría sido la opción conservadora y segura.

Tiempo e historia
1853. Los barcos del Comodoro estadounidense Matthew Perry llegan a Japón e inician el fin de una era. La superioridad militar americana es abrumadora, y los japoneses no pueden hacer otra cosa que aceptar los tratados comerciales propuestos por Estados Unidos, dando así el primer paso hacia la restauración Meiji, época caracterizada por la rápida modernización del país nipón (p.113) 
 
Así comienzan las “Notas históricas” que complementan la historieta propiamente dicha en Sangre y sol. Con ese escenario de una época de profundos cambios en la sociedad japonesa, la novela gráfica de Alves cuenta la historia de Antón, un “bandolero” gallego que se desempeña como guardaespaldas de un diplomático español que, en las primeras páginas del libro, es trasladado desde Manila hasta Japón. Allí ambos se enredarán con las acciones de un grupo de asesinos que deploran la apertura y modernización del país y anhelan un retorno a las viejas tradiciones, para lo cual actúan en plan “terrorista”, asesinando diplomáticos extranjeros. La trama, entonces, es simple, pero su marco histórico –por llamarlo de alguna manera– le permite a Alves una apertura de ideas y referencias que enriquecen la propuesta. Por ejemplo, cerca del final del libro, el líder de los asesinos es confrontado por una de las fuerzas del orden niponas, y en ese diálogo pone en evidencia un sustrato más profundo,  que sirve de algo así como un tema subyacente al libro. El acierto de Alves no es únicamente sacar eso a colación (lo cual es, si se quiere, natural dado el tema de la narración) ni saber a qué altura de su relato hacerlo, sino también el permitir que ese tema (qué hacer frente a los cambios irrefrenables en la sociedad, digamos, y cómo pararse ante el paso del tiempo) logre resignificar el proceso de Antón como personaje. Entre el bandolero español que vive en busca de la aventura y da sentido a sus actos desde un episodio de su adolescencia (página 52) y el asesino japonés que sueña con un tiempo estático, con una sociedad libre de cambios y eterna, aparece el universo en que se instala el libro y en el que propone sus reflexiones y su problemática. 
 
Se ha repetido hasta el cansancio que el cómic histórico encuentra un lugar privilegiado en la más reciente producción historietística local; evidentemente Sangre y sol no es una excepción, pero en lugar de convertirse en una solución fácil para moverse más cómodamente en una escena o mercado bastante pautado por historias de lo “relevante uruguayo” y por un mínimo riesgo a la hora de pensar cómo contar o cómo no contar, lo de Alves aparece como una apuesta más compleja y jugada. No sólo por su elección de dibujante sino especialmente por tratarse de una narrativa más ambiciosa de lo que parece a simple vista y que no cede a ciertos facilismos de tema o presentación. Podría pensarse que hay algo significativo en el hecho de que un español se consolide en la escena historietística local escribiendo sobre la historia de Japón (y la de su país también, evidentemente), lo cual podría también presentarse como tenía que ser un español el que pudiera permitirse hacer una historieta histórica que se aparta de la historia nacional, pero la cosa no se agota ahí. El tema de fondo es qué pasa con la novela gráfica uruguaya (en oposición al relato gráfico breve, serializado o no) y de qué manera sus referentes más claros (Santullo, Leguisamo, Peruzzo) encuentran y moldean sus propios caminos de trabajo y exploración; así aparecen libros como Ranitas, que combinan la narrativa autobiográfica  con el trabajo de observación y construcción de época, o que apelan a la literatura del yo (como la excelente Las partes malas, con guión de Pablo “Roy” Leguisamo), a la memoria histórica (Valizas, de Santullo sería un ejemplo) o a temas especialmente vivos en el debate diario (Vientre, del ya nombrado Roy). Desde este punto de vista, Sangre y sol elige el molde histórico para desarrollar una sensibilidad o una postura ante los cambios, ante la historia (esa “pesadilla de la que me quiero despertar”, como decía el Stephen Dedalus de Joyce), para hacer algo así como una “filosofía”. En su elección del Japón decimonónico como escenario, Alves parecería proponernos algo estrictamente ajeno a los referentes más comunes de la escena historietística local, pero lo hace para hablarnos de un tema que fácilmente podemos imaginar como esencial, independiente de nacionalidad y de época histórica. En ese sentido, su pariente más cercano podría ser el Nicolás Peruzzo de La mudanza, un libro en rigor más sutil o incluso tenue, aunque de gran belleza.
 
Podría hablarse, a la vez, de las maneras en que Alves contruye o reconstruye la historia en Sangre y sol. El apéndice parahistorietístico del libro pone en evidencia la “fidelidad a la historia” en un gesto que es relativamente común en el subgénero histórico (su punto más minucioso en cuanto a la historieta uruguaya podría rastrearse al Matías Castro de Bernardina hacia la tormenta o al Alejandro Rodríguez Juele de La isla elefante), pero el mayor problema de este texto es que resulta casi completamente redundante. Lo que Alves nos cuenta (como el párrafo citado) ya estaba dicho con claridad  en la historieta (la página 17 sería un buen ejemplo), de modo que su traducción o traslación a otro lenguaje parece obedecer a la noción de que ciertos modos de la prosa sirven para apuntalar lo dicho con imágenes y globitos, como si estos no se bastaran por sí mismos. Quizá habría valido la pena menos reiteración y más detalles, como una suerte de zoom en la información histórica implícita en las páginas de historieta. Así, el apéndice aporta poco, hecha la excepción de las fotografías presentadas, que sirvieron de modelo al dibujante para su representación de lugares y rostros, y quizá resulta o bien superfluo o bien una oportunidad no aprovechada de ofrecerle al lector un nivel más denso de representación de una época. Pero eso es secundario: la historieta de Alves y Silva es lo suficientemente elocuente como para que el libro valga la pena y se convierta en una de las publicaciones más interesantes del 2014, además de un libro renovador y significativo para la escena historietística local.

Publicada en La Diaria el 18 de febrero de 2015

lunes, 11 de junio de 2012

GAS3K

Este número de GAS3K es, ante todo, una muestra historietística variada y heterogénea. En ese sentido, el subtítulo "miscelánea de historias cortas" aparece como una descripción perfectamente adecuada a lo que podrán encontrar los lectores: relatos gráficos breves para todos los gustos, con diversos niveles de competencia artística. Hay momentos, es necesario decirlo, que no podrán jamás satisfacer a un lector mínimamente exigente; pero, a la vez, los puntos fuertes de la publicación terminan por inclinar la balanza hacia el lado positivo. La variedad de géneros y de abordajes a la narrativa gráfica es un elemento claramente a favor: los guiones de MaGnUs (Martín Pérez, quien escribe la mayor parte de las historias) acusan un progreso importante en relación a trabajos anteriores y alcanzan momentos de gran interés conceptual y narrativo. En ese sentido, lo mejor de la revista está en las dos entregas del universo Imperiex Terra, en particular la segunda historia, "Sueños rotos", que cuenta con ilustraciones del dibujante Crizam (Cristhian Zamora) y presenta un relato ambientado en un futuro cercano (2025) en el que la humanidad ya ha comenzado su expansión por la galaxia, lo cual lo vincula a un subgénero de la ciencia ficción que podríamos llamar "ucronía futurista". Algunas de las páginas están especialmente logradas, entre ellas la que muestra en su centro al protagonista y a su bebé trabajando por las noches en la venta callejera, rodeado por cuatro viñetas muy bien hilvanadas desde el punto de vista narativo. Quizá el punto más criticable del aspecto gráfico en esta historieta sea la "dureza" de ciertas actitudes corporales de los personajes; en cualquier caso, el número de viñetas en que ese defecto es trascendido no es para nada menor, lo que parecería sugerir que con un poco más de trabajo y paciencia en los lápices Crizam podría aportar un trabajo sin fallas y de buen nivel en una siguiente publicación. Quizá su fuerte aquí sean algunas expresiones y, especialmente, la escenografía (edificios, calles, maquinarias, mobiliario).
En cuanto a la primera aparición del universo Imperiex Terra en la revista, con el relato gráfico "Guerra hegemónica: el comienzo", tenemos una vez más un guión sólido y una historia interesante (todos estos abordajes a este universo ficcional se dan a través de historias autoconclusivas que van aportando detalles de un vasto arco narrativo), en la que MaGnUs muestra cierta competencia narrativa más que atendible; en este caso, la idea original es del guionista Endriago (Enrique Castillo), sobre la que MaGnUs desarrolló el guión. Tanto Endriago como MaGnUs se revelan aquí como lectores atentos de la saga Dune, de Frank Herbert, en cuyas coordenadas se inscribe este relato de ciencia ficción de futuro lejano y atención a la política galáctica. Es cierto, por otro lado, que esta historia deja con cierto gusto a poco, y está claro que se apela a que los finales, si bien cierren la historia ofrecida, tengan la "apertura" necesaria para permitir el diálogo con futuras entregas del arco narrativo; sin embargo, si se ofrece poco a los lectores será dificil generar interés en la serie. No estoy diciendo que eso suceda 100% con estas dos entregas, pero sí que es un "peligro" que de alguna manera acechará a MaGnUs en el futuro y que deberá resolver cuidadosamente para mantener (para mejorar, de hecho) el nivel de las dos entregas presentes en GAS3K #3.
En este caso la parte gráfica es intrigante: el trabajo del dibujante Velius Valmont (Pablo Pérez) parece por momentos trascender una representación naturalista de la acción para acercarse a estilizaciones casi expresionistas y juegos de perspectiva que vuelven la historia más rica desde el punto de vista plástico. A la vez, algunas viñetas están evidentemente resueltas con menor competencia o con un dejo de amateurismo que, en cualquier caso, podrá ser superado. El balance aquí, una vez más, es positivo, dado que -dejando de lado la historia- el efecto sorprendente de las viñetas menos "realistas" ofrece un foco de interés.
Ese balance positivo lamentablemente no aparece en otros de los relatos: El punto más bajo de la revista es "El traidor" (dentro del ciclo "Tiranos Temblad"), con un guión (a cargo de MaGnUs) que roza lo anodino (o, al menos, lo poco interesante como historia individual y más tributaria de un arco narrativo más amplio, es decir, justamente el peligro que señalaba más arriba, aquí para nada bien sorteado) y unas ilustraciones (a cargo de Guillermo Barreto) de un nivel muy básico que entrarían más comodamente en un fanzine de historietistas primerizos que en una revista que ya ha logrado cierta continuidad y que ofrece algunas historias sólidas. La inclusión de este relato, entonces, no beneficia a GAS3K. Una perspectiva más crítica beneficiaria a la publicación y ayudaría a ofrecer trabajos más satisfactorios en el futuro. Es evidente que a Guillermo Barreto le falta todavía muchas horas de trabajo con sus lápices; publicar sus esfuerzos todavia insatisfactorios, en mi opinión, no lo ayuda como artista (de hecho lo exponen en sus fallas) ni ayuda a establecer a GAS3K como una publicación a la altura de otras ofertas del ambiente historietístico local.
Con un nivel de dibujo superior y una historia mejor planteada, "CSI: Delta Vega" (MaGnUs/Carlos Lemos) tamoco llega a convencer del todo. Si bien algunas de sus viñetas están resueltas de un modo competente, la segunda mitad parece haber sido terminada con prisas, abundando los trazos inseguros y chapuceros (en particular una viñeta que muestra una nave espacial vista desde arriba y la trayectoria de un vehículo más pequeño que se le acerca); esto, una vez más, nos muestra que un siguiente paso para GAS3K debería ser esforzarse por aumentar el nivel de exigencia y autocrítica. "CSI Delta Vega" podría haber sido una historia más satisfactoria si hubiese sido realizada con muchas más horas de trabajo. De hecho, la viñeta "Master George" (con arte de Lemos y diálogos de MaGnUs) muestra que el dibujante está capacitado para ofrecer trabajos de mayor nivel (lo que también podemos ver en su aporte para Bandas Orientales 2011): su fuerte, basándonos estrictamente en lo que podemos ver en esta revista, está en los rostros de los personajes, lo cual, en cierto modo, es evidente en "CSI Delta Vega", donde las viñetas en las que aparece el protagonista humano convencen mucho más que las que incluyen extraterrestres (mal resueltos hacia el final con un mínimo de trazos).
"Larga distancia", con guión y arte de Federico Taibo (Taibox) es una historia tierna y bien llevada, que no será quizá un punto alto de la revista pero no deja de ser un aporte al nivel general. Ciertas carencias en el estilo presente del dibujante son evidentes; sin embargo, en tanto profundice una línea estilizada y deliberadamente no naturalista y supere ciertas limitaciones (falta de seguridad a la hora de dibujar rostros, por ejemplo), Taibox podrá ofrecer trabajos más interesantes desde el punto de vista gráfico. Sus otros aportes a la revista incluyen una entrega del ciclo "Mi vida sin un jetpack" (una serie de tiras autobiográficas de nivel un poco desigual en lo relativo al guión que, muchas veces, requiere de los segmentos complementarios en prosa sumados por MaGnUs a su publicación online para trascender lo que de otro modo podría resultar carente de interés), en general bien resuelta, y el guión y el trabajo en grises para "No me cruces nada", una historia breve sobre las astucias de adivina de una tarotista. Desde el punto de vista del guión, este relato tiene sus aciertos (la reflexión paralela a la historia sobre "como funciona el tarot televisivo"); sus fallas más notorias están en el trabajo de Alejo Curuchet con los lápices. Si bien la presentación frontal de la adivina (las viñetas y los grises sugieren que estamos viéndola en una vieja pantalla de TV CRT) funciona bien desde el punto de vista gráfico y narrativo, el rostro del personaje (y a veces los pechos: la cuarta viñeta por ejemplo) no siempre está bien resuelto (de hecho alcanza un nivel satisfactorio únicamente en la tercera y la quinta viñetas), aunque se aprecia cierto esfuerzo a la hora de representar distintas expresiones.
"Adiós", con guión de Santiago González y arte de Martín Pouso (Napalm), funciona bien como un texto más cercano al poema en prosa o a la reflexión que a la narrativa, si bien sugiere con cierta soltura una historia. La parte gráfica es en general correcta, con un nivel de acierto especial en las dos primeras viñetas y, un poco en menor medida, en la última. Otra de las historias que ocupan una única página, "Transuniversales", es quizá el único ejemplo de un trabajo en el que el guión (de MaGnUs) no está a la altura de la parte gráfica (de Alejandro Figueroa). La idea básica ("héroes arrancados de sus realidades segundos antes de su muerte y asignados a misiones para preservar infinitas realidades paralelas") podría quizá generar alguna historia interesante si le es conferido el espacio necesario para un mejor desarrollo; probablemente no es la intención del guionista a la hora de dedicarle apenas una página que, claramente, apunta a una resolución humorística, pero, en cualquier caso, el espacio que se le dedicó no permite que el humor que podría alcanzar en potencia aparezca efectivamente en acto.
La revista también incluye la historia "El Ñacurutú Acecha" (textos y diseño de MaGnUs, ilustración de Federico Dallocchio), presentada como páginas en la crónica policial de un periódico ficticio ("El telégrafo") con la fecha 10 de julio de 2006, a lo que se le suma un presunto documento oficial (del día siguiente) que confirma los avistamientos del personaje del título, una suerte de vigilante de fuerza sobrehumana. Los efectos tipográficos están bastante bien logrados -así como la diagramación-, y seguramente podría haber sido un poco mejor presentada la ilustración de Dallocchio, a la que quizá no hacen justicia los tonos grises de la impresión. Es uno de los segmentos que menos me interesaron, aunque no lo considero necesariamente de los puntos más bajos de la revista (en mi opinión "El traidor", "CSI Delta Vega" -sobre todo en su segunda mitad- y "Transuniversales").
Un acierto importante de la revista es la inclusión de una página de la chilena Nat Kougi (Angélica Tapia), en la que se juega -con muy buen humor- con las diferencias lingüísticas entre el español de Chile y el local. Los trazos son expresivos y sirven a la perfección al planteo de la historia, que incluye un gracioso comentario metanarrativo al final.
Otro punto fuerte es la inclusión de "Magnus Von Tesla's Absurd Auditorium: Chori Rider Primera Brasa", que parodia los "orígenes" de los superhéroes con buen humor y presenta a un personaje que lucha por evitar la intolerancia gastronómica. El guión es de MagNus y las ilustraciones de la portuguesa Carla Rodrigues (con grises de su compatriota Pedro Carvalho), seguramente entre las mejores de la revista (o las mejores a secas). MaGnUs y Rodrigues ya habían colaborado en otra entrega del "MVT's Absurd Auditorium", en la que podemos apreciar el excelente coloreado de la dibujante (sería una buena idea, en mi opinión, ofrecer en el blog de GAS comics una versión en colores de esta historia de Chori Rider).
Dejé para el final "Isla Mala", con guión de MaGnUs y arte del entrerriano Nahus SB (Nahuel Silva Barrios), una historia interesante de zombies y momias ambientada a fines del siglo XIX en Uruguay (en Florida, concretamente). El guión es correcto (y junto a los dos Imperiex Terra es una buena muestra del progreso como guionista de MaGnUs), con una narración llevada con buen pulso y suficientes elementos de interés como para atrapar la atención del lector (y, por qué no, para demandar más entregas de esta historia); sin embargo, el punto más interesante de este relato (así como en "Sueños rotos" era la trama) es el excelente trabajo gráfico de Nahus, quien obtuvo con "Las partes malas" el primer premio en el concurso de narrativa gráfica de Montevideo Comics junto al guionista Pablo Roy Leguisamo. El estilo de Nahus es sorprendentemente expresivo y visceral, y será sin duda el llamador de atención más poderoso para quienes pasen las páginas de GAS3K (junto al arte de Carla Rodrigues y Crizam).
En balance, un notorio progreso para la gente de GAS3K, que logran una más que decente tercera entrega de su revista a la vez que dejan claro que están notoriamente mejor encaminados que la gente de Zignone Comics, quienes, con un nivel gráfico y de impresión y producción superior, no han logrado acierto alguno a nivel guión y narrativa ni han mostrado señales de superarse o siquiera de intentar hacerlo. Esperemos que esta línea de progreso del equipo de GAS Comics se mantenga y podamos en breve leer un cuarto número más uniformemente logrado, con más autocrítica y mejor selección de dibujantes. La incorporación de otros guionistas, que aporten todavía más variedad a la oferta, es sin lugar a dudas otra línea a explorar, a la vez que MaGnUs haría bien, en mi opinión, en concentrarse en ofrecer historias más ambiciosas y extensas, como las vinculadas al universo Imperiex Terra o en la línea de "Isla Mala".

Publicada originalmente en Partículas Rasantes el 22 de mayo de 2012

viernes, 8 de junio de 2012

Las partes malas, de Pablo "Roy" Leguísamo y Nahuel Silva

Después de haber integrado el jurado que premió esta novela gráfica (guión de Pablo Roy Leguísamo y arte de Nahuel "Nahus" Silva) tuve la oportunidad de releerla gracias a la edición de Montevideo Comics, que incluye además un prólogo de Silvio Galizzi Flores y un epílogo de Matías Castro y Marcelo Sánchez. Mi primera sensación fue un reencuentro con una obra que en su momento había estimado como la más lograda de las presentadas, pero después -y tras otra relectura: desde ya voy señalando que Las partes malas no sólo tolera sino que de hecho requiere más de una lectura- sentí que comenzaba a apreciarla de verdad, en una dimensión más completa, por así decirlo, y la que había considerado una obra correcta e interesante pasó a convertirse en una novela gráfica ante todo emocionante, creada con una honestidad desgarradora y con una valentía a toda prueba. Una de las últimas páginas del libro aclara "basado en una historia real", lo cual valía asumir como signo de una intención testimonial a cargo del guionista; sin embargo, en la presentación celebrada en Montevideo Comics, Roy señaló -tras ser interpelado al respecto por Silvio Galizzi, el presidente del jurado- que su novela gráfica se trata de una obra autobiográfica. Es inevitable que ese dato nos lleve a volver sobre la obra, que saber que la historia sobre la que Roy trabajó no era otra que la suya propia nos resignifique la novela. De hecho, la atribución autobiográfica (por decirlo de alguna manera, ya que en ningún momento del libro -sea desde su texto o sus paratextos- se estipula que el protagonista sea el autor real, elemento esencial para atribuir la condición de "autobiografía" a un texto) nos permite sentir una inmediatez mucho mayor con respecto a los hechos narrados. Es interesante, de todas formas, que la opción de Roy haya sido no declarar explícitamente en el texto o en sus paratextos que la "historia real" a la que alude es la suya, la de su vida. Las lecturas hechas desde el conocimiento de que sí lo es quedan de alguna manera "contaminadas" (para bien, me gustaría añadir), mientras que las que parten únicamente del "basado en hechos reales" seguramente coloquen la ficción "a secas" (es decir dejando de lado la idea de que todo lo escrito -o representado en viñetas- pueda ser leído o pensado como ficción, lo sea declaradamente o no) en el corazón de su relación con el libro.
En cualquier caso, aclarados esos caminos que hicieron a mi lectura, está claro que cualquiera sea la opción por la que se llegue al texto, el guión de Las partes malas es un logro narrativo. Su no-linealidad estricta (hay viñetas y secuencias -como la del protagonista sentado con su abuelo a sus espaldas en un sillón- que escapan de la continuidad cronológica) le aporta una dimensión de complejidad para nada artificial (y relativamente rara en el ambiente historietístico local contemporáneo), ya que el relacionamiento entre los flashbacks y el presente de la narración (cuyo desenlace rico en resonancias y connotaciones es uno de los mejores finales que he leído últimamente) se da de un modo fluido y natural, potenciado en la versión original (no en la publicada, lamentablemente) por el uso de dos colores de tinta, uno para el presente y otro para las sucesivas estaciones en el pasado. Ese "viaje" por el pasado, de hecho, funciona perfectamente en armonía con el otro viaje, más literal (pero no por ello menos denso en connotaciones), que lleva a cabo el protagonista. Es un gran acierto de Roy, por ejemplo, el poner en escena en ese viaje "real" una situación de tensión entre una madre y su hijo, tema que gobierna a los flashbacks.
La figura de la madre en Las partes malas es terrible, y el arte de Nahus (Nahuel Silva) se vuelve extremadamente funcional con la historia narrada, hasta el punto que en algunas viñetas -páginas 9, 25 y 26- hay algo de demoníaco en la representación. Es tentador leer esta novela de Roy como una indagación sobre la maternidad o las relaciones materno-filiales; se vuelve especialmente interesante entonces, en esa línea de lectura, que el único momento en que vemos realmente humanizada a la madre del protagonista es cuando sufre por la enfermedad y la muerte de su propia madre (pags16 y 17). En cualquier caso, las relaciones entre familiares del sexo masculino parecen bañadas con otra luz: por ejemplo la secuencia con el abuelo del protagonista, aunque las viñetas en torno a su muerten sean un tanto ambiguas al respecto. En el caso del padre, que aparece como una figura ante todo ausente, al lector le puede resultar más fácil empatizar con su padecimiento, pese a que -por lo que sabemos en la novela- abandona a su hijo y a su hija. La demonización de la madre es tan grande (en la primera secuencia de la obra está pegándole encarnizadamente a su hijo) que cuando el padre le dice "andate a la reputísima madre que te parió, hija de siete mil putas" -después de que se le eche en cara su infidelidad en nombre de los hijos (cuando en toda la novela jamás vemos a la madre ofrecer a sus hijos un verdadero gesto de cariño)- es difícil no ponerse, de alguna manera (para luego cuestionarnos ese sentimiento, por supuesto, y ese pliegue emocional es un gran acierto del guión), del lado del que se va. Una figura masculina negativa es, claramente, la de la nueva pareja de la madre, que agrede al protagonista ante la impasibilidad de la mujer.
Es interesante leer Las partes malas, entonces, como una deconstrucción o desarticulación de uno de los conceptos más familiares de la cultura occidental: el amor de madre. Y, dejando de lado lo autobiográfico, no es fácil atreverse a hacer algo así -y mucho menos lograrlo sin sentimentalismos edulcorados o facilismos.
Unas palabras más sobre el arte de Nahus. Está claro que Roy no podría haber encontrado un dibujante más adecuado para su novela. La relación entre arte y trama es tan adecuada aquí como lo es en Acto de guerra (Santullo&Bergara) o en Ranitas (Peruzzo), por traer a colación dos ejemplos locales que dialogan -en tanto contemporáneos y de alguna manera colaboradores a la hora de apuntalar un "campo", una comunidad de lectores y un "mercado"- con el trabajo de Roy y Nahus. Las viñetas especialmente acertadas no son escasas: dejando de lado las visiones terribles de la madre me gustaría destacar la última imagen del libro, no sólo por su dinamismo sino, de hecho especialmente, por la lograda expresión del personaje, especialmente a la hora de ser puesta en relación con la segunda viñeta de la página anterior. La secuencia de la ducha forzada a la madre alcoholizada está, también, entre lo mejor del libro, especialmente en la última viñeta de la página 29.
Las partes malas es una gran confirmación del talento narrativo de Roy (quien además presentó su novela gráfica Vientre en Montevideo Comics y es autor de una novela de ciencia ficción juvenil que espero leer pronto) y una entrada por la puerta grande a la historieta de Nahus (que también ilustró con gran belleza una de las historias en GAS3K #3, con guión de MaGnUs -se puede leer aquí mi reseña de esa publicación), a quien correspondería, si lo hubiera, una suerte de "premio revelación"; además, leída ahora como trabajo de corte autobiográfico, viene a sumarse al excelente Ranitas (Nicolás Peruzzo) para ampliar ese territorio (hasta ahora no tan poblado) de la nueva historieta nacional, en el que la provincia dominante, por ahora, parece ser la historieta histórica.

Publicada originalmente en Partículas Rasantes el jueves 24 de mayo de 2012