Para empezar con una especie de chiste malo diré que La otra Odisea es un barco que hace agua por todas partes. No sólo la historia (chico seducido por La Odisea
viaja en el tiempo junto a su profesor para indagar si Homero realmente
existió... salvo que, claro, alguien defienda una aproximación
"metafórica" o "simbólica", lo cual, en mi opinión, sería empobrecer la
obra aún más) está llevada de un modo tentativo y difuso sino que todas
las ideas que propone terminan disipándose como si los autores (los
"escribujantes"; me gustaría que en algún lugar se aclare cual es la
diferencia entre "escribujar" y escribir guiones e ilustrarlos: ¿se
trata de que el proceso es simultáneo, casi como una improvisación? eso
podría explicar algunas de las fallas del libro, ahora que lo pienso) no
fueran capaces de decidir qué querían hacer o si realmente les
interesaba decir y mostrar algo más allá de un abanico de posibilidades
narrativas que, lamentablemente, no cuajan por ninguna parte.
Para colmo la parte gráfica es tosca; las expresiones de los personajes,
en general, son sumamente esquemáticas y por todas partes hay ruido
informativo: personajes que atraviesan el límite de las viñetas sin que
ese recurso redunde en una mayor expresividad o en apertura de distintos
niveles de significado, por ejemplo.
En cierto modo, los mejores episodios (tanto desde el guión como desde
el arte -sí, son separables a la hora de presentar una lectura de la
obra, "escribujados" o no) son los más "realistas". Había algo a indagar
ahí -el chico del interior abriéndose camino en Montevideo y regresando
a su pueblo natal y sentir el contraste entre sus nuevas costumbres y
perspectivas y las de los que quedaron allí, tema trillado pero válido-,
pero pronto el recurso fantástico (no diría ciencia ficción porque si
lo hiciera la obra se desmoronaría todavía más rápido) del viaje en el
tiempo nos inserta en otro línea de lectura. Suena improcedente en este
contexto (es decir, en una obra que no apunta a nada claro) hablar de la
inverosimilitud de los hechos de la trama, como también lo parece
reclamar una lógica (así fuese una lógica "propia", "particular" de la
obra), pero, en cualquier caso, cabría preguntarse qué movió a los
creadores de este libro a meterse en terrenos en los que, claramente, no
saben manejarse. Y para colmo sobrevuela el libro una suerte de
vocación metanarrativa que, en rigor, no termina de configurarse más que
como un gesto superficial, apoyado apenas en que se nos señala que
"escribujar una novela gráfica puede ser una aventura, literalmente, una
odisea" (p.1) o que "Ese viaje es también el inicio de su propia
odisea... y de la nuestra como escritores y dibujantes, o como
preferimos llamarnos, escribujantes"; en la trama propiamente dicha lo
único que podríamos emplear como pie para generar una iteración de
planos diferenciados de referencia sería la idea de que el profesor
sugiere a sus alumnos, en la primera parte, que "representen" su
rapsodia favorita de la Odisea, a la vez que él parecería estar produciendo una narrativa que se diluye o se confunde en lo que estamos leyendo, en La otra odisea.
A la vez, la última viñeta nos sugiere que el libro que tenemos en
nuestras manos (o al menos uno con el mismo título, incluso la misma
tipografía) lo escribió el chico protagonista, que se quedó en el pasado
y creó su ficción para que, siglos después, llegara a manos de su
profesor como una "prueba" de que Homero realmente existió (el
ingenuómetro estallaría aquí si no hubiese estallado tantas páginas
atras). Se trata, claramente, el consabido juego de cambios en el pasado
y efectos en el presente (Volver al futuro, "El ruido de un
trueno", etc), pero tratado aquí con una ingenuidad tan grande que queda
claro que no puede pensarse más que como un intento de disponer un
golpe de efecto que pretenda generar en el desenlace unos cuantos
"aaaaah!" entre lectores muy acríticos. Lo metanarrativo, en cualquier
caso,podría haber sido un punto de partida como cualquier otro, pero
pronto la obra se lanza a recorrer otros caminos, entre ellos la trama
realista que ya mencioné, el episodio de corte realismo mágico con las
voces de mujer oídas en la laguna y el curioso episodio
pseudocienciaficcionero con la máquina del tiempo, para retomar cerca
del final (seguramente con la pretensión de hacer una obra "redonda") la
idea del profesor narrando en su computadora. El resultado final es que
ninguna faceta del libro parece haber sido explorada
satisfactoriamente, que todo queda en una exhibición de intenciones o,
de hecho, que el nivel de chapucería de los autores es tremendo. La
historia de las voces en la laguna es un ejemplo perfecto de esto: está
entre lo más sugerente del libro y, claramente, no aporta nada a su
resolución general ni siquiera en términos de climas, ya que esa
apertura digamos mágica está claramente cancelada por la idea de la
"máquina" y sus connotaciones -el chico es un estudiante de quinto
científico y tiene un cuaderno de "inventos", algo presentado de un
nivel más simple todavía que lo que vemos en Lluvia de hamburguesas- para una trama que roza la ciencia ficción -en el sentido de prescindir de "magia" a secas.
En cierto modo opera en La otra Odisea algo parecido a la falla
principal de las ficciones de Pablo Zignone (aunque al menos Zignone
tiene menos pretensiones y, en general, sus comics están mejor
ilustrados), en tanto pretende volverse más y más compleja apilando
realismo mágico, viajes en el tiempo, apreciación homérica, pretensiones
poéticas, culto consabido a la literatura clásica ("pero, una vez más,
me sorprendieron. Disfrutaban de las leyendas con un asombro que no
encontraba ni en los de humanístico. Y hasta algunos empezaron a
aprender griego para poder recforrer los textos sin intermediarios"),
gestos metatextuales, compromiso ecologista y reivindicación
políticamente correcta de las comunidades periféricas. Pero, por
supuesto, semejante rejunte no cristaliza en nada más que un cuento mal
contado con demasiadas pretensiones y un arte que no logra al menos
distraernos -asi sea momentáneamente- de una escritura deficiente.
Ahora, si se la lee ignorando las pretensiones o dejándolas pasar, si se
pasan rápido las páginas escuchando reggae y respirando humo de
sahumerios en alguna choza de Punta del Diablo, si incorporamos a
nuestro sistema nervioso una sobredosis de buenas intenciones y actitud
hippie-todo-bien, ahí podría llegarse a la conclusión de que, en última
instancia, La otra odisea es un libro vagamente simpático. Pero
si se le pide algo más a la historieta, asi sea un entretenimiento
presentado de un modo competente o una historia al menos interesante...
bueno, ahí hay que señalar que este trabajo de los "escribujantes" sería
lo último que valdría la pena leer.
Publicada originalmente en Partículas Rasantes el 29 de mayo de 2012
