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sábado, 16 de junio de 2012

La otra odisea, de Bea Miranda y Guille Fernández

Para empezar con una especie de chiste malo diré que La otra Odisea es un barco que hace agua por todas partes. No sólo la historia (chico seducido por La Odisea viaja en el tiempo junto a su profesor para indagar si Homero realmente existió... salvo que, claro, alguien defienda una aproximación "metafórica" o "simbólica", lo cual, en mi opinión, sería empobrecer la obra aún más) está llevada de un modo tentativo y difuso sino que todas las ideas que propone terminan disipándose como si los autores (los "escribujantes"; me gustaría que en algún lugar se aclare cual es la diferencia entre "escribujar" y escribir guiones e ilustrarlos: ¿se trata de que el proceso es simultáneo, casi como una improvisación? eso podría explicar algunas de las fallas del libro, ahora que lo pienso) no fueran capaces de decidir qué querían hacer o si realmente les interesaba decir y mostrar algo más allá de un abanico de posibilidades narrativas que, lamentablemente, no cuajan por ninguna parte.
Para colmo la parte gráfica es tosca; las expresiones de los personajes, en general, son sumamente esquemáticas y por todas partes hay ruido informativo: personajes que atraviesan el límite de las viñetas sin que ese recurso redunde en una mayor expresividad o en apertura de distintos niveles de significado, por ejemplo.
En cierto modo, los mejores episodios (tanto desde el guión como desde el arte -sí, son separables a la hora de presentar una lectura de la obra, "escribujados" o no) son los más "realistas". Había algo a indagar ahí -el chico del interior abriéndose camino en Montevideo y regresando a su pueblo natal y sentir el contraste entre sus nuevas costumbres y perspectivas y las de los que quedaron allí, tema trillado pero válido-, pero pronto el recurso fantástico (no diría ciencia ficción porque si lo hiciera la obra se desmoronaría todavía más rápido) del viaje en el tiempo nos inserta en otro línea de lectura. Suena improcedente en este contexto (es decir, en una obra que no apunta a nada claro) hablar de la inverosimilitud de los hechos de la trama, como también lo parece reclamar una lógica (así fuese una lógica "propia", "particular" de la obra), pero, en cualquier caso, cabría preguntarse qué movió a los creadores de este libro a meterse en terrenos en los que, claramente, no saben manejarse. Y para colmo sobrevuela el libro una suerte de vocación metanarrativa que, en rigor, no termina de configurarse más que como un gesto superficial, apoyado apenas en que se nos señala que "escribujar una novela gráfica puede ser una aventura, literalmente, una odisea" (p.1) o que "Ese viaje es también el inicio de su propia odisea... y de la nuestra como escritores y dibujantes, o como preferimos llamarnos, escribujantes"; en la trama propiamente dicha lo único que podríamos emplear como pie para generar una iteración de planos diferenciados de referencia sería la idea de que el profesor sugiere a sus alumnos, en la primera parte, que "representen" su rapsodia favorita de la Odisea, a la vez que él parecería estar produciendo una narrativa que se diluye o se confunde en lo que estamos leyendo, en La otra odisea. A la vez, la última viñeta nos sugiere que el libro que tenemos en nuestras manos (o al menos uno con el mismo título, incluso la misma tipografía) lo escribió el chico protagonista, que se quedó en el pasado y creó su ficción para que, siglos después, llegara a manos de su profesor como una "prueba" de que Homero realmente existió (el ingenuómetro estallaría aquí si no hubiese estallado tantas páginas atras). Se trata, claramente, el consabido juego de cambios en el pasado y efectos en el presente (Volver al futuro, "El ruido de un trueno", etc), pero tratado aquí con una ingenuidad tan grande que queda claro que no puede pensarse más que como un intento de disponer un golpe de efecto que pretenda generar en el desenlace unos cuantos "aaaaah!" entre lectores muy acríticos. Lo metanarrativo, en cualquier caso,podría haber sido un punto de partida como cualquier otro, pero pronto la obra se lanza a recorrer otros caminos, entre ellos la trama realista que ya mencioné, el episodio de corte realismo mágico con las voces de mujer oídas en la laguna y el curioso episodio pseudocienciaficcionero con la máquina del tiempo, para retomar cerca del final (seguramente con la pretensión de hacer una obra "redonda") la idea del profesor narrando en su computadora. El resultado final es que ninguna faceta del libro parece haber sido explorada satisfactoriamente, que todo queda en una exhibición de intenciones o, de hecho, que el nivel de chapucería de los autores es tremendo. La historia de las voces en la laguna es un ejemplo perfecto de esto: está entre lo más sugerente del libro y, claramente, no aporta nada a su resolución general ni siquiera en términos de climas, ya que esa apertura digamos mágica está claramente cancelada por la idea de la "máquina" y sus connotaciones -el chico es un estudiante de quinto científico y tiene un cuaderno de "inventos", algo presentado de un nivel más simple todavía que lo que vemos en Lluvia de hamburguesas- para una trama que roza la ciencia ficción -en el sentido de prescindir de "magia" a secas.
En cierto modo opera en La otra Odisea algo parecido a la falla principal de las ficciones de Pablo Zignone (aunque al menos Zignone tiene menos pretensiones y, en general, sus comics están mejor ilustrados), en tanto pretende volverse más y más compleja apilando realismo mágico, viajes en el tiempo, apreciación homérica, pretensiones poéticas, culto consabido a la literatura clásica ("pero, una vez más, me sorprendieron. Disfrutaban de las leyendas con un asombro que no encontraba ni en los de humanístico. Y hasta algunos empezaron a aprender griego para poder recforrer los textos sin intermediarios"), gestos metatextuales, compromiso ecologista y reivindicación políticamente correcta de las comunidades periféricas. Pero, por supuesto, semejante rejunte no cristaliza en nada más que un cuento mal contado con demasiadas pretensiones y un arte que no logra al menos distraernos -asi sea momentáneamente- de una escritura deficiente.
Ahora, si se la lee ignorando las pretensiones o dejándolas pasar, si se pasan rápido las páginas escuchando reggae y respirando humo de sahumerios en alguna choza de Punta del Diablo, si incorporamos a nuestro sistema nervioso una sobredosis de buenas intenciones y actitud hippie-todo-bien, ahí podría llegarse a la conclusión de que, en última instancia, La otra odisea es un libro vagamente simpático. Pero si se le pide algo más a la historieta, asi sea un entretenimiento presentado de un modo competente o una historia al menos interesante... bueno, ahí hay que señalar que este trabajo de los "escribujantes" sería lo último que valdría la pena leer.

Publicada originalmente en Partículas Rasantes el 29 de mayo de 2012