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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Crononautas, Magnus, Taibox, Lemos



Aventuras en la historia




El grupo GAS Comics no para de crecer. Tras la edición del libro Grimorio del plata el año pasado y de la quinta entrega de su “miscelánea de historias cortas” (también conocida como GAS3K.5) ahora nos proponen su primera incursión de lleno en la historieta para niños. O, mejor dicho, en el tipo de historietas para niños que cualquier lector de comics podrá disfrutar. 
 
Y, en ese sentido y como era de esperar, Crononautas (guión de Martín “MaGnUs” Pérez y arte de Federico “Taibox” Taibo y Carlos Lemos) está llena de referencias al universo geek o nerd o a varias regiones de la “cultura popular”, es decir Star Wars (ver las páginas 47-48 para un divertido juego con El regreso del jedi), juegos de rol (“me saqué 20 en la tirada de escapismo”, leemos en la página 43) y Doctor Who (“es más grande por dentro”, p.46; “esos que viajaban en la cabina telefónica y no eran Doctores…”, p.51), por nombrar solo algunos. 
 
También hay en esta historia de viajes en el tiempo y arqueología (una suerte de cruce entre algo de Stargate, algo de Indiana Jones y el ya mencionado Doctor Who como ficción paradigmática de viajes en el tiempo) muchas referencias a la historia “real”, que parecen sugerir una intención didáctica o que pretende contagiar a los jóvenes lectores el entusiasmo por las civilizaciones del pasado y, de paso, la historia nacional. Así, además de los episodios que transcurren en el auge de la civilización maya, en la Banda Oriental de la víspera de la Batalla de Sarandí o en el Reino Nuevo del antiguo Egipto (todo debidamente marcado por fechas y anotaciones geográficas), el libro incluye un apéndice parahistorietístico que aporta información acerca de esos momentos de la historia.
 
En relación al trabajo anterior del grupo, Crononautas muestra un notorio avance en la calidad de edición y en el arte. El aporte de Lemos (capítulos 1, 3 y epílogo) es sin duda lo mejor del libro, pero en esta oportunidad Taibo, cuyo desempeño en el pasado pudo pensarse como un posible talón de Aquiles de las publicaciones de GAS, logra encontrar una expresión adecuada para su estilo y sus habilidades, acaso porque su enfoque cartoonesco en esta oportunidad cuadra perfectamente con los objetivos del libro, acaso por lo que puede pensarse como un verdadero progreso en su desempeño como dibujante. Entonces, si bien todavía pueden encontrarse algunas viñetas resueltas con torpeza (la última de la página 47, por ejemplo), también aparecen evidentes aciertos, como las páginas 22-23 o la última viñeta de la página 41.
Taibo también ofició de colorista en este libro, desempeño que merece una consideración aparte, en tanto la calidad de su trabajo –en la primera publicación a todo color del grupo GAS– es notoria. A una paleta escogida con buen tino y sensibilidad (hay interesantes diferencias en el color de los diferentes episodios, como sugiriendo una cierta “sensación de época”) se le suman aciertos puntuales, entre ellos la pirámide maya de las ya mencionadas páginas 22 y 23 y buena parte de las viñetas nocturnas del tercer capítulo (en particular la primera de la página 37, que suma al acierto composicional de Lemos un excelente trabajo de Taibo en el color).
 
Esta vez el punto más débil del trabajo del grupo GAS está en el guión. Pérez quizá todavía debe afinar su puntería –ya probada en cuanto a relatos cortos– con el aliento más prolongado de una novela gráfica o una narración de cierta extensión. Si bien el guión de Crononautas está bien resuelto en líneas generales, en tanto no permite que decaiga el interés y mantiene un buen nivel de diversión al que se suma el acierto de no pocos diálogos, también es verdad que el final está notoriamente precipitado, hasta el punto que entre las páginas 46 y 48 se malogra parte de la resolución de la trama, en relación a un personaje concreto cuya aparición –no se trata acá de contar el final del libro, de todas formas– da la sensación de un fallo en la narrativa, de “apuro” o de cierta impericia a la hora de manejar trama y personajes. Es en ese sentido que el guión de Crononautas brinda a su autor –quien indudablemente viene mostrando un crecimiento muy acusado en los últimos dos o tres años, aunque ahora podría pensarse que esa evolución quedó más o menos confinada a los límites de una narración gráfica breve– la ocasión de aprender más y ofrecer mejores trabajos en el futuro. Porque si algo es seguro en relación a Pérez y el resto de los integrantes de GAS, siempre inmiscuidos en una gran variedad de proyectos (hay al final del libro, después de los bocetos y comentarios del proceso de creación de la historieta, una lista de enlaces de Internet que dan la pauta de la gran cantidad de publicaciones del grupo), es justamente que van a seguir trabajando, que no van a parar de buscar oportunidades para crecer.

Publicada en La Diaria el 24 de septiembre de 2014

miércoles, 16 de julio de 2014

GAS3K.5, varios autores; Aullando a la luna, Peruzzo & González



Sagas, humor y Heavy Metal
 




Dragon Comics y Grupo Belerofonte son las iniciativas editoriales mejor establecidas de la escena historietística local, pero no agotan la propuesta de comics uruguayos de valía. Apenas por debajo –en cuanto a alcance y solvencia editorial– hay que nombrar a Ninfa Comics, con el guionista y dibujante Nicolás Peruzzo al frente, y al grupo GAS Comics, cuya cabeza más visible es el emprendedor guionista Martín “MaGnUs” Pérez, corazón de un equipo que incluye creadores de Argentina, España, Portugal, Estados Unidos y Suecia.
 
La última publicación de GAS es el compilado de relatos GAS3K.5, pero ya ha sido anunciado el libro infantil-juvenil Crononautas, a cargo de MaGnUs en guión y Federico “Taibox” Taibo Bassano en arte (de hecho en la web del grupo este trabajo puede descargarse gratuitamente). Se trata del segundo volumen publicado por el grupo, precedido por Grimorio del plata, editado el año pasado. En estos dos libros está especialmente clara la evolución del grupo desde una plataforma fanzinera o de edición amateur hasta el establecimiento de una editorial propiamente dicha, afortunadamente paralela con el crecimiento artístico de buena parte de los miembros del grupo, MaGnUs en particular. Así, GAS3K.5, todavía una revista amateur a nivel estético y formal, puede leerse como una suerte de “eslabón perdido” entre el espíritu más fanzinero y la zona más profesional del grupo, visible en sus dos libros. Y es un particular acierto de esta quinta edición de GAS3K la oferta de dos portadas diferentes, dibujadas por figuras de la talla de José Luis García López (dibujante, por ejemplo, de la novela gráfica Superman: Kal) y Duncan Rouleau (co-creador de Ben 10).
 
En cuanto a los relatos incluidos, es apreciable en términos generales una mejora con respecto a las cuatro entregas anteriores. Lo mejor de la revista es, casi con seguridad, “La tortuga y la liebre”, de Rodolfo Santullo (como guionista invitado) y Nahuel “Nahus” Silva (arte). Se trata de una historia narrada con solvencia y dibujada con la expresividad que caracteriza al trabajo de Nahus; sin estar entre lo más descollante del autor de su guión, se trata de un trabajo redondo, sugestivo y disfrutable.
El resto de la publicación, con la excepción de piezas breves (de una página) y en general humorísticas, consiste en nuevas entregas de series ya establecidas. El grupo GAS, está claro, tiene un afecto especial por las sagas y los universos ficcionales detallados. En el caso de la serie Imperiex Terra, que se nutre de la larga tradición cienciaficcionera del space opera (y, notoriamente, de la saga Dune, de Frank Herbert), en esta entrega de GAS3K se nos ofrece un relato titulado “Cazadores Casados”, enmarcado a su vez en el capítulo “Guerra Hegemónica III”. Lamentablemente, en esta saga no se ha producido hasta la fecha la cristalización, por decirlo de alguna manera, de la narrativa, y sí una proliferación de detalles y datos históricos de su mundo ficticio. O, dicho de otra manera, se insiste con el trabajo sobre el escenario pero se falla, recurrentemente, en ofrecer un relato de interés incorporado a ese escenario. 
 
Eso no sucede con otras de las sagas representadas en la revista. Así, Mi vida sin un jetpack ofrece coordenadas claras y un tono de humor que puede divertir o aburrir (en la experiencia de lectura de este reseñista eso funciona alternativamente) pero que siempre se mantiene fiel a su propuesta de autobiografía geek armada por la acumulación (y es en esto último que el proyecto cobra vida y se vuelve interesante en su conjunto) de anécdotas gráficas, armadas entre el chiste y la construcción de una vivencia o un recuerdo. Del mismo modo, Tiranos Temblad y Grimorio del plata han logrado alcanzar un nivel narrativo más sólido; en el caso de la última serie (que, como ya dijimos, ya ha sido representada por un libro), los relatos ofrecidos en GAS3K.5, “El entrenamiento del Sr.Gough parte 1” y “Milonga clandestina (Outlow country)” son sólidos en guión y arte; de hecho, en factura y buena resolución no están lejos de la ya mencionada “La tortuga y la liebre”. “El entrenamiento del Sr.Goguh”, incluso, tiene la virtud –no siempre visible en entregas anteriores de GAS3K– de convertirse en una excelente introducción a un capítulo nuevo de la serie a la que pertenece y, por tanto, dejar en vilo al lector con su desenlace (otra muestra del crecimiento de MaGnUs como guionista). En cuanto a Tiranos temblad, el capítulo ofrecido, con arte del veterano Gezzio y guión de Endriago, funcionaría mejor en un libro dedicado exclusivamente a esa saga, pero tampoco se convierte en un escollo al disfrute de la revista.

Aguante el metal
La más reciente propuesta de Ninfa Comics es Aullando a la luna, nueva entrega de la serie Relatos de Ciudad Fructuoxia; en este caso el guión es de Nicolás Peruzzo y el arte de Líber González, una notoria mejora en relación al libro anterior, Deje de afligirse, cuyo talón de Aquiles era, precisamente, la parte gráfica. En cuanto al guión, parecería por momentos dejar clara la existencia de dos zonas en la producción de Peruzzo, una más de corte autobiográfico, reflexiva y sensible (de la que el libro La mudanza sería una gran muestra), suerte de versión historietística de la literatura del yo, y otra más cercana a las raíces fanzineras y a una cierta narrativa pop, además orientada hacia un intento de narrar en contextos menos solipsistas (si se quiere usar el término) y más abiertos a incorporar lo histórico y lo social (en esta línea de lectura, la excelente novela gráfica Ranitas podría verse como una zona intermedia o “lo mejor de los dos mundos”), con buenas dosis de humor.
Aullando a la luna sigue la historia de una banda de metal que toca en la ucrónica “Ciudad Fructuoxia”, escenario ficticio recurrente en la obra de Peruzzo. Una exposición más satisfactoria de este relato haría necesario hablar de la serie completa (que va, ahora, por su quinta entrega) y su grupo de superhéroes uruguayos que funcionan tanto a nivel ironía con respecto a la identidad nacional más “oficial” como, acaso paradójicamente, a nivel de aceptación de alguna más o menos consagrada de esa identidad y la cultura que trae aparejada. Este relato en particular, en todo caso, destaca por su aparato de referencias al Heavy Metal y su historia, desde el Ozzy Osborne de Bark at the moon hasta la banda groove metal Pantera y el metal industrial. 
 
Peruzzo aporta un “Glosario de metal” hacia el final del libro, en un gesto que llama la atención e invita a reflexionar. Por un lado deja clara la preocupación del historietista y editor por establecer una comunicación satisfactoria con cualquier lector posible, pero, a la vez, también puede sentirse como innecesario y explicativo por demás. En cualquier caso, el tono en que están escritas las entradas de ese glosario y la información que se ofrece pueden ser interesantes en sí mismas. Por ejemplo, la observación de comportamientos de ciertos grupos de fans que muestra la última entrada, referida al metal industrial (subgénero del que Peruzzo señala que “encontró cierta resistencia en los bastiones más ortodoxos del Heavy Metal”), puede leerse en cercanía con algunas observaciones presentes en Ranitas en cuanto a una suerte de cartografía de las diversas culturas del rock y el pop. 

Publicada en La Diaria el 16 de julio de 2014

miércoles, 14 de mayo de 2014

Otoño, varios autores



Historietas de media estación



Hace un año y unos meses AUCH (Asociación Uruguaya de Creadores de Historieta) publicó Verano, primer compilado de historietas creadas por sus miembros. De calidad desigual –había al menos un par de historietas buenísimas, otro tanto poco llamativas y una o dos francamente terribles–, ese libro resultó de especial interés a la hora de constatar la emergencia y crecimiento de ciertos historietistas –en particular Martín “Magnus” Pérez y Pablo “Roy” Leguisamo– y mapear una buena porción de la escena historietística local. Ahora, la publicación de Otoño, también premiado por un Fondo Concursable en la categoría Relato Gráfico, nos permite preguntarnos qué ha cambiado y qué se ha mantenido.
 
Para empezar, hay algunas firmas nuevas. O, al menos, ausentes del compilado anterior. Llama la atención, por ejemplo, la incorporación de Nacho Alcuri como guionista, junto al deslumbrante trabajo de Santiago Vecino en el arte gráfico. Y otro nombre “nuevo” (en esta serie de compilados, claro está, porque los seguidores de su trabajo saben que desde hace no poco tiempo que publica en Uruguay) es el de Abel Alves, quien aporta la mejor de las historietas presentadas en este libro.
De los que repiten se puede decir que su trabajo se mantiene entre lo mejor que está produciéndose en nuestro país. Así, Magnus –junto al veterano William Gezzio– aporta “Guerra secreta”, un relato divertido sólidamente narrado tanto desde el guión de Magnus como desde los dibujos de Gezzio. En Verano, además, el trabajo de Magnus llamaba la atención por su opción de género (la más visible entre todos los relatos, al inscribirse sin tapujos en la ciencia ficción), pero en Verano, en cambio, no sucede tal cosa, ya que otros de los creadores incluidos optaron por trabajar ese mismo género. Es el caso de la ya mencionada dupla Alcuri/Vecino, que propone en “Mecha” una narrativa cerrada sobre sí misma y hecha casi exclusivamente de imágenes encadenadas vertiginosamente. A este trabajo, por supuesto, le juega a favor la brevedad y el talento de su dibujante.
 
Siguiendo con los creadores que se repiten en ambas muestras encontramos a Pablo “Roy” Leguisamo y a María Concepción “Maco” Algorta, quienes proponen una hermosa historieta resuelta con gran habilidad, anclada visualmente –con gran eficiencia narrativa, cabe aclarar– en una perspectiva casi al nivel del suelo y centrada desde el punto de vista del relato en un objeto perdido que pasa de mano en mano y de historia en historia. La primera mitad de esta breve pero brillante historieta parece tratar irónicamente el serendipity (a veces se traduce como “serendipia”, y una aproximación a su significado podría ser el de una suerte de coincidencia extremadamente improbable que logra tener un efecto importantísimo en la vida de las personas a las que afecta) del título, para luego restaurar el sentido más tradicional del término en la segunda mitad, que conduce al lector a una resolución satisfactoria, casi un final feliz. 
 
También repiten Nicolás Rodríguez Juele (como dibujante de un guión de Alceo Thrasyvoulou) y Gabriel Ciccariello, ambos sólidamente. El talento de Rodríguez Juele como dibujante está más que probado, y “El otoño es un linyera borracho”, la historia a la que aporta aquí sus lápices, es una excelente muestra de su buen hacer. En el caso de Ciccariello tampoco hay sorpresas; su aporte (“Una cabeza de muerto en un frasco”) toca el tema del otoño quizá sólo tangencialmente pero, de todas formas, es una historieta sólida, no de las más interesantes del libro pero tampoco la peor.
En cuanto a las nuevas incorporaciones, destaca el aporte del ya mencionado Abel Alves, quien propone en “Mañana empieza el otoño” una historieta cuya sola inclusión ya justificaría la compra del libro. A su extrema economía de medios se suma una narración textual sugerente, cercana al tono del célebre cuento “El extraño”, de H.P.Lovecraft, relato que está en la matriz, por decirlo de alguna manera, de lo narrado por Alves. Si bien la solución del escenario propuesto podría quizá estar mejor delineada –y eso no quiere decir que no esté clara en la historieta tal como fue publicada–, en cualquier caso lo mejor del aporte de Alves es el clima de ominosidad construido con apenas algunas líneas y un uso magistral del espacio en blanco en las viñetas.
 
El punto más flojo del Otoño es precisamente la primera de las historietas que compila, “Delirio”, con guión y dibujos de Leonardo Silva. Si bien hay momentos interesantes, en general se trata de un relato manido y por tanto lleno de lugares comunes. El guión de Alceo para “El otoño es un linyera borracho”, a la vez, si bien está lejos en cuanto a calidad del decepcionante comienzo del libro, termina un poco diluido entre chistes más o menos graciosos, alguno de ellos tontamente explicado, y da en general una impresión de ansiedad, como si el guionista se hubiese esforzado demasiado en incorporar elementos que sintió ingeniosos pero que, en realidad, no terminan cuajando en un buen aporte. En cualquier caso, el limpio dibujo de Rodríguez Juele salva la historieta; del mismo modo, quienes sigan los trabajos de Alceo podrán disfrutar aquí de los elementos recurrentes de su producción, entre ellos cierta manera de trabajar el humor y una gran abundancia de referencias a la cultura geek.
 
En cierto sentido, dado que de las siete historietas incluidas en el volumen apenas una resulta, digamos, a todas luces fallida o poco satisfactoria, Otoño da la sensación de haber superado cómodamente el nivel de Verano y de convertirse, incluso, en un libro mucho más valioso y disfrutable en su totalidad. En el prólogo que aporta al libro, el argentino Andrés Accorsi señala que el otoño siempre le pareció “amargo”, “mediocre” y “mezquino”; curiosa, acaso irónicamente, el libro que lo tomó como tema es mucho más vibrante, arriesgado y generoso que su predecesor, centrado en el mejor publicitado verano. De hecho, está claro que las mejores historietas de Otoño son mejores que las más descollantes de su predecesor, a la vez que sus momentos menos interesantes (“El otoño es un linyera borracho”, “Una cabeza de muerto en un frasco”, especialmente “Delirio” y, si abstraemos el arte de Santiago Vecino, “Mechas”) son muy superiores a las peores historietas de Verano. Es cierto que Verano tenía más páginas y, por tanto, su muestra de historietas e historietistas era más rica, pero, a la vez, sus momentos más flojos eran malísimos y amenazaban al disfrute del libro, cosa que no sucede –más allá del comienzo dudoso– con este nuevo libro propuesto por AUCH. 
 
En cualquier caso, lo que muestra esta compilación es una escena historietística vital, que sigue enriqueciéndose y que ya cuenta con creadores de gran valor. Lo mejor de la nueva historieta uruguaya, entonces, debe incluir en su nómina de autores a gente como Abel Alves, Magnus y Roy, muy bien representados en las páginas de Otoño.


Publicada (en una versión ligeramente más corta) el 14 de mayo de 2014 en La Diaria

viernes, 24 de mayo de 2013

Quimera, GAS3K.4, Ópticas Diferentes, varios autores




Sagas y quimeras


Este año Montevideo Comics vio la publicación de tres revistas especialmente interesantes: Quimera (que resucita en su segunda época), GAS3K.4 y Ópticas Diferentes. Las dos últimas fueron editadas por el grupo Gas Comics y la primera por un staff liderado por el veterano dibujante y guionista Enrique Ardito. Las tres son, en última instancias, insatisfactorias, aunque cabría señalar que Ópticas Diferentes es la mejor del trío; al mismo tiempo, las tres son interesantes, cada una a su manera, como muestrario de diversas actitudes notorias en los diversos territorios de la historieta nacional contemporánea.
GAS3K.4,  para comenzar, muestra una notoria evolución con respecto a su edición del año pasado, en particular en cuanto a la calidad media del trabajo de los dibujantes. Las páginas dibujadas por Velius Valmont (Pablo Pérez), William Gezzio, Enrique Ardito, Steven Yarbrough y Majox (María José González) funcionan muy bien para lo que podríamos pensar como un nivel “fanzinero” de publicación; algunas, de hecho, son especialmente buenas, en particular las de Steven Yarbrough. A la vez, el aporte de Ryan Cairns no parece al mismo nivel, pero –salvo por algunas viñetas en particular– tampoco se vuelve especialmente malo. Hay quizá algunos detalles a pulir en una próxima edición: el trabajo en grises de Federico Taibo para la historia “Río Rojo”, por ejemplo, no siempre acierta y de hecho falla a la hora de aportar al mejor lucimiento del dibujo de Velius Valmont. Sin embargo, en comparación con los peores momentos de la edición anterior, se trata de detalles menores. Es cierto que GAS3K.4 no soporta la comparación con la zona más “profesional” de la historieta uruguaya contemporánea, pero tiene a su favor la pujanza, la vitalidad y las ganas de mejorar.
Sus mayores problemas, en cualquier caso, no están esta vez en el arte gráfico sino en el desempeño de los guionistas. Buena parte de sus relatos pertenecen a sagas o se inscriben en marcos más amplios y, por ahora, apenas publicados. Esto, por supuesto, no es un problema en sí mismo, o no lo es necesariamente, pero se vuelve fácil pensar que a la hora de interesar al lector con la primera o segunda entrega de un arco narrativo ambicioso lo mejor sería ofrecer una historia relativamente cerrada en sí misma que, a la vez, presente el escenario y prometa más entregas, y eso no sucede con “Imperiex Terra: Guerra Hegemónica II –Sanción Definitiva” (guión de Enrique Castillo “Endriago” y arte de Valius Valmont), “Tiranos Temblad: Búho Negro – Primera Cacería” (guión de Endriago y arte de William Gezzio), “Tiranos Temblad: Fama” (guión de Martín Perez “MaGnUs” y arte de Ryan Cairns), “El Errante: Rescate” (guión de MaGnUs y arte de Steven Yarbrough) y “Grimorio del Plata: Río Rojo” (guión de Santiago González y arte de Velius Valmont y Taibox). Por el contrario, sus tramas son apenas viñetas en las que un personaje se desempeña exitosamente en una tarea y se ofrece –a veces forzadamente– un vínculo entre esa acción y el universo narrativo más amplio. Esto es especialmente notorio en “Tiranos Temblad: Búho Negro”, por ejemplo, y también en la visualmente excelente “El Errante: Rescate”. Toda la revista, entonces, parece más bien un muestrario de grandes arcos narrativos que, lamentablemente, quizá nunca se concreten en historias válidas. Podría pensarse que la ambición de los guionistas Endriago y MaGnUs de crear series vastas y detalladas no termina de cuajar en la creación de buenas historietas.
La revista incluye, de todas formas, algunas historias breves e independientes, entre ellas la mejor que tiene para ofrecer, con guión de MaGnUs y dibujos del excelente Guillermo Hansz. En cuanto a “Luces en el pantano”, con guión de Alejandro Castro y dibujos de Enrique Ardito, si bien no pertenece a saga alguna, tampoco podría decirse que resulta una creación del todo lograda. El desempeño de Ardito, con su notorio estilo retro, es en general correcto (con alguna que otra viñeta destacable, la segunda de la cuarta página por ejemplo), pero el guión de Castro falla a la hora de cerrar satisfactoriamente la historia.
 Ópticas Diferentes, también publicada por el grupo GAS Comics, guionada por Endriago y dibujada por Humberto Sosa, repite la opción de incorporar capítulos de historias amplias y ambiciosas; la resolución individual de cada relato, sin embargo, es más correcta aquí. Así, “La Guerra del Agua: Enemigo Oculto” se vuelve una propuesta interesante, bien dibujada por Sosa, quien hace gala de un estilo retro similar al de Ardito pero con el bonus de cierto barroquismo capaz de elevar notoriamente el nivel del arte ofrecido. No sucede lo mismo con la otra entrega historietística de esta saga, “La Guerra del Agua: Abducida”, que se resuelve de un modo un poco truculento y sin mayor interés.
El mejor de los relatos de esta revista/librillo probablemente sea “Grimorio Del Plata: Soque”, que pertenece a una de las varias sagas ofrecidas por el Grupo GAS. Aquí Endriago encuentra su mejor momento a la hora de llevar la narración, aunque el final –que cierra el vínculo con la saga– podría haber sido mejor trabajado repensando la extensión y ofreciendo un par de páginas más.
Ópticas Diferentes incluye también relatos en prosa; si bien pueden verse ciertas desprolijidades de estilo, la propuesta en general es interesante, por ejemplo en “Cortejo”, que retoma la tradición cienciaficcionera de descripción de alienígenas exóticos, y también en “Afortunado”, que complementa a su manera la historieta “Abducida”.
En cuanto a Quimera, presentada con un trabajo de edición mucho más profesional que los dos aportes del grupo GAS, hay que decir que se trata de una propuesta ante todo variada e irregular. La revista incluye dos artículos de homenaje a Eduardo Barreto, el primero escrito por Alan Font y el segundo por Enrique Ardito, quien se apoya notoriamente en sus recuerdos personales de Barreto y elude una lectura sólida de la obra del gran dibujante. Es innegable, de todas formas, su valor emotivo, pero hubiese sido deseable –al menos para los que se acerquen a este texto buscando más información sobre el enorme talento de Barreto y su vida– una mayor precisión en las fechas y en la hilación de la nota. En cualquier caso, ambos textos, a grandes rasgos, son como mínimo competentes, más allá de algunos extraños hábitos estilísticos de Ardito, entre ellos la inclusión de palabras en inglés que tienen un equivalente clarísimo en español (“lettering” y “dead line”, por ejemplo).
No sucede lo mismo con el otro artículo publicado en la revista, “Algunas impresiones sobre Superman”, de Dario Valle Risoto, que se vuelve un muestrario de problemas gramaticales, de puntuación y conceptuales, incluyendo párrafos prácticamente ilegibles.
Las historietas incluidas están, en general, bien presentadas desde el punto de vista gráfico. “El general” (guión de Gustavo Cortazzo y dibujos de William Gezzio) es un buen ejemplo de esto último, pero se la siente notoriamente malograda por un guión poco interesante. “El aljibe”, con guión y dibujos de Enrique Ardito, ofrece un nivel correcto tanto en narración como en dibujo, aunque la historia se resuelve de un modo un poco simple (con chiste de “viveza de la gente de campo” como remate) y es por momentos gracioso (probablemente un ejemplo de humorismo involuntario) el intento del guionista de ofrecer un registro lingüístico naturalista para sus personajes. Ardito también aporta “Luci”, que aprovecha su lugar en los retiros de tapa y contratapa para presentarse en colores; lamentablemente, el coloreado es, justamente, uno de sus puntos débiles. En cualquier caso, el guión es bastante simple y una vez terminada la lectura la sensación es la de haber dedicado demasiado tiempo a un chiste débil.
Endriago, por su parte, aporta un guión sólido en “Secretos de familia”, quizá lo mejor de la revista, con un trabajo un poco desigual (pero muy bueno en sus mejores momentos) del dibujante Rocker.  A la vez, “Tren Fantasma”, la última historieta presentada (con guión y dibujos de Andrés Trías), se vuelve de lo peor que tiene para ofrecer este número de Quimera. No sólo porque parece un chiste muy sencillo extendido por demasiadas páginas sino porque el “poquitín de morbo” que se nos promete en su introducción resulta tener más de “poquitín” que de “morbo” y terminar generando un humor especialmente ingenuo y hasta tonto.
En general el nivel de Quimera es desilusionante. La edición cuidada y la atractiva portada de Gonzalo Palmer prometen un contenido que el lector, lamentablemente, no encontrará. A historias inanes (“Luci”, “Secretos…”, “El general”) se suman artículos con fallas importantes de escritura (“Algunas consideraciones sobre superman”) o irregular aporte informativo (“Semblanza de Eduardo Barreto”), a la vez que lo mejor que tiene para ofrecer la publicación no supera la altura más fanzinera y de edición materialmente más precaria de las revistas del grupo GAS. Quimera, en rigor, parece repetir gestos típicos del modo en que se encaraba la edición de comics en Uruguay hace por lo menos 20 años; donde otros artistas y editores locales optaron por migrar hacia el trabajo a nivel de editorial (Ninfa Comics, Dragon Comics, Grupo Belerofonte), la gente de Quimera insiste en el viejo concepto de la revista de historietas editada en papel como modo de expresión de un grupo con una opción estética más o menos definida. Es de esperar que les funcione, por supuesto, y que el medio se vea enriquecido por una publicación tramada desde códigos diferentes a los imperantes. Hay muchas estrategias para ayudar a apuntalar este proyecto, y cabe suponer que sus integrantes serán capaces de verlas. Para un segundo número de Quimera, entonces, los puntos a mejorar están claros. Será cuestión de esperar al próximo número.

Publicada en La Diaria el 24 de mayo de 2013