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martes, 4 de marzo de 2014

Novelas ejemplares, varios autores

Historietas ejemplares


Puede resultar curiosa la publicación de un libro que compila historietas basadas en las Novelas ejemplares de Cervantes y que reúne para semejante tarea historietistas de Argentina, Brasil, España, Francia y Uruguay. Mucho se puede escribir sobre la narrativa gráfica y la necesidad de legitimación de un género presentado como menor durante buena parte de su historia, y si leemos la producción historietística uruguaya de los últimos años parecen asomar líneas como la inclusión de prólogos que reafirmen la pertinencia de la obra en cuestión y, especialmente, el lugar de destaque que ha ocupado la historieta histórica. Cabe pensar, entonces, que acercarse al canon literario adaptando sus obras más o menos centrales posibilita todavía otra vía de legitimación, y la idea no es extraña a la nueva historieta uruguaya. Grupo Belerofonte, por ejemplo, seguramente la editorial más y mejor establecida de la escena historietística local, propuso hace ya unos cuantos años la adaptación, a cargo de Renzo Vayra, de Juan el zorro, a la vez que Rodolfo Santullo, su director, ha guionado adaptaciones y recreaciones de Onetti, Lovecraft y Bram Stoker.
En el caso de las Novelas ejemplares la excusa es los 400 años de la primera edición de las obras y la ocasión de ofrecer, según leemos en el prólogo incluido en el volumen, “una relectura de las mismas desde su interacción con otros lenguajes”. Y también cabría pensar en el movimiento opuesto al comentado más arriba y pensar en el canon literario, con su catálogo de obras consagradas en ámbar o pozos de brea, haciendo el intento de acercarse a un lenguaje digamos “contemporáneo” y vital, y a un nuevo público.
En cualquier caso, si nos quedamos con la idea de “interacción” y “relectura”, el resultado de ese proceso es particularmente interesante.
De las 12 novelas, por ejemplo, 5 apelan al diálogo con géneros narrativos. Así, sin duda alguna la mejor de este subgrupo, “La ilustre fregona”, a cargo de Rodolfo Santullo y Lisandro Estherren, recrea la ficción cervantina en un contexto propio al narcocorrido, con su mitología y escenografía características. Por otro lado, “La gitanilla”, con guión de Alejandro Farías y arte de Muriel Frega, apela a un escenario de ciencia ficción en el que buena parte de la humanidad (los “normales”) viven de acuerdo a pautas prediseñadas que incluyen control de natalidad y nacimientos in vitro; se trata de un lugar común de la ciencia ficción distópica, y en el trabajo de Farías los “gitanos” son aquellos que eluden esa normativa a la vez que viven de modo idéntico a los gitanos de Cervantes… por lo que por momentos parecería que, a los efectos de la recreación de la novela, la escenografía cienciaficcionera aporta poco y nada. Federico Grenauer y Hurón intentan, en “La española inglesa”, una apelación al horror o a la fantasía oscura y ominosa, y el resultado deja un poco que desear, quizá por la manera en que fue resuelto el final de la novela en el contexto elegido, mientras que “La fuerza de la sangre” (guión de Diego Cortés y arte de Leo Sandler) y “Las dos doncellas” (Guión de Javi Hildebrandt y arte de Diego Rey) dialogan con las telenovelas y ofrecen recreaciones sólidas y disfrutables.
Dos, una de ellas la ya mencionada “Las dos doncellas” y la otra acaso la mejor del libro, “El licenciado Vidriera”, con guión de Federico Reggiani y dibujos de Fabián Zalazar, apelan a alguna forma de metanarrativa y se convierten en los momentos más interesantes de la propuesta; en el caso de “Las dos doncellas” buena parte de la narración aparece bajo la forma de una telenovela visionada por dos señoras que reaccionan a los acontecimientos representados, mientras que en “El licenciado Vidriera” opera un comentario permanente que va esclareciendo ciertos aspectos de la novela. El recurso de Reggiani puede leerse como una referencia al uso que reciben determinados objetos textuales tan canónicos como las Novelas ejemplares o, al menos, a una forma de lectura que se impone gracias a la distancia entre nosotros y el texto en cuestión; así, “El licenciado Vidriera” es claramente la más compleja de las adaptaciones o recreaciones, por incluir en su entramado mismo una operación de lectura y un diálogo con la tradición.
Otra buena porción del libro propone adaptaciones más “fáciles” (sin que el adjetivo implique un sentido peyorativo, claro está), en tanto se trata de acercamientos de la narrativa cervantina a tiempos más digamos “contemporáneos”. Así, “Rinconete y Cortadillo” (guión de Alejandro Farías y arte de Otto Zaiser) propone una deliciosa traducción de la novela de Cervantes a una suerte de neopicaresca villera (lo cual, en cierto modo, podría pensarse también como en la apelación a un género). Otras adaptaciones con giro a lo contemporáneo son la buenísima “El celoso extremeño” de Luciano Saracino (guión) e Infame & Co (arte) y la atractiva y graciosa “La señora Cornelia”, con guión de Roy y arte de Maco; de hecho, en este relato  por momentos es fácil sentir que el estilo o las maneras de Maco, tan deslumbrantes en Aloha, su primer libro, pueden sentirse como un poco forzadas, innecesarias o inmotivadas (aunque esto no va, en rigor, en detrimento del disfrute del relato) en una historieta de corte más netamente narrativo. También dentro de la zona contemporánea está “El casamiento engañoso”, quizá una de las adaptaciones más ingeniosas y disfrutables, con la estrella de rock vetusta y decadente propuesta por Alejandro Farías y dibujada –con gran acierto– por Víctor Zelaya. Es cierto, de todas formas, que algunos de los textos propuestos dentro de la zona de los géneros, en particular las dos historietas que dialogan con las telenovelas, también instalan la ficción en tiempos que aparecen como contemporáneos.
De las dos restantes quizá la mejor sea “El amante liberal”, con guión de Thomas Dassance y dibujos de Marcos Vergara, quien ofrece aquí uno de los momentos más disfrutables del libro desde el punto de vista del arte gráfico. Aquí la adaptación lleva la ficción cervantina a un contexto japonés que funciona bien en líneas generales aunque, por momentos, el tono de los textos suena poco fluido. La última, “El coloquio de los perros”, es la más notoria recreación (como opuesto a “adaptación”) del libro y, si bien no es el mejor de los relatos ofrecidos, por momentos logra ofrecer un clima onírico particularmente ominoso.
Se trata, en balance, de un libro sugestivo e interesante, que reúne a algunas de las voces más relevantes de la escena historietística reciente. Como toda compilación presenta altibajos, claro está, pero sus mejores momentos son brillantes y el nivel general hace pensar en una notoria suficiencia y buen manejo del lenguaje elegido. Sobre los mecanismos de adaptación podría discurrirse mucho más, por supuesto, pero es posible quedarse pensando en que de los doce relatos gráficos sólo uno (“El licenciado Vidriera”, y mediando siempre el recurso metaficcional o incluso metaliterario) elige presentar las ficciones de Cervantes sin cambios de género narrativo o escenografía; la recurrencia de las telenovelas también seguramente da qué pensar, así como también que ciertos subgéneros –terror, fantasía onírica, ciencia ficción– siguen pareciendo los más riesgosos. En cualquier caso, se trata de doce historietas muy disfrutables; la portada, sin embargo…

Publicada en La Diaria el 4 de marzo de 2014

martes, 12 de junio de 2012

Freedom Knights volumen 2, de Roy & Bea

Una lectura más legítima de esta serie implicaría examinarla en su totalidad y en sus diferentes encarnaciones en su orden evolutivo, desde los fanzines hasta los volúmenes recopilatorios. De momento sólo leí (y tengo en papel) el número 2, que incluye las historias "El primer oriental desertor", "24/7", "Una rata en la ciudad", "Come on, Barbie, let's go party" y "Primera impresión", además de una serie de relatos que trabajan pormenores de la vida de los cinco protagonistas y un apéndice con "perfiles" de otros personajes.
La primera historia mencionada es interesante ante todo por su ironía; la construcción del patriotismo creciente, exacerbado y hasta ridículo del personaje de Flor eclosiona en la revelación final de "todo fue un sueño", generando un efecto humorístico para nada mal logrado. El relato, además, se va sucediendo anotado por la letra de "El primer oriental desertor", la canción del Cuarteto de Nos, que incorpora una segunda dimensión de distancia con los acontecimientos narrados. Lo que es quizá dificil de determinar es hasta qué punto se nos está hablando de los personajes (en tanto son ellos los que toman distancia con respecto a los clichés de la identidad uruguaya o de la construcción de lo uruguayo) o de la actitud de los creadores de la historieta, en este caso una historia escrita por Roy & Bea y dibujada por esta última con coloreado en grises de Roy. Es decir: los planos de significado de la historia nos imponen al menos dos distancias ante el tema del "patriotismo": la ironía de que "sólo en un sueño esto habría sido posible" (o de "gracias a Dios que fue sólo un sueño") por un lado y el diálogo con la canción del Cuarteto por otra, que más que rechazar el patriotismo en tanto tema irrelevante plantea un anti-patriotismo deliberado ("ni en dictadura militar yo grité el tiranos temblad", un recuerdo de cuando esa banda tenía todavía algo para decir); obviamente ambas dimensiones de sentido son diferentes, pero, más allá de aportar el título, no hay una mayor riqueza en la historia que derive de la inclusión de la letra del cuarteto. Excepto, claro, que se nos remita a algo extranarrativo: las actitudes sobre el tema de los creadores. Y esto, por supuesto, funciona bien en un contexto fanzinero y under. En tanto narrativa, el objetivo humorístico está bien logrado, pero la historia queda un poco en eso. El arte es funcional, con algunas páginas especialmente bien resueltas (páginas 8 y 9 por ejemplo) y un intento bastente bien consumado -no diría que plenamente, pero sí bien encaminado- de aportar una estética diferenciable para una secuencia onírica o fantástica (como un sueño dentro del sueño, digamos, que también puede entenderse -apoyándose en el hecho de que es mencionado en otro de los relatos- como un momento de "realidad" envuelto en la fantasía del sueño), la que va entre las páginas 21 y 24. Un comentario más exhaustivo del arte de Bea y su evolución requeriría la comparación con trabajos posteriores, cosa que lamentablemente no puedo hacer aquí por no haber leído aún las publicaciones en cuestión.
La historia más ambiciosa del libro es "Una rata en la ciudad", esta vez con guión de Roy & Bea y dibujos de Roy, con grises de Bea. Aquí puede apreciarse el esfuerzo de los guionistas por crear personajes con una dimensión digamos naturalista o costumbrista, tramada en relación al entorno Montevideano y a la posibilidad de  presentarlos en tanto individualidades "creíbles" -a la vez que superhéroes- en ese contexto. Los vemos comiendo bizcochos, presentándose a entrevistas de trabajo, hablando de afectos y refiriendo a sus recuerdos; es posible que en algunos casos -Flor, por ejemplo- la caracterización opere a un nivel demasiado sencillo o básico ("yo nunca fui de tener amigos (...) por eso los Freedom Knights son tan importantes para mí"), pero el efecto no es tanto de falla en ese sentido sino de refuerzo de la sensación de que Roy y Bea de alguna manera se esforzaron demasiado (se sintieron obligados a hacerlo para presentar lo que entenderían como un trabajo más "serio" quizá -pero esto es apenas una hipótesis especulativa, por supuesto) a la hora de presentar esos elementos "realistas", de trabajar la caracterización más allá de lo que, quizá ellos pudieron suponer, podría haberse convertido en una simple historia de combates y superpoderes. El caso es que para plantear personajes interesantes se requiere en general más espacio y un contexto mejor trabajado; quizá aquí hubiese sido mejor concentrarse en los combates y los superpoderes, pero de un modo más interesante que indudablemente la dupla creativa podría haber concebido. Habría que plantearse de hecho hasta qué punto importan algunos detalles de las historias y por qué; si la respuesta es que presentar héroes "más humanos" es lo que se intenta, entonces es inevitable pensar que los caracteres presentados (o la presentación de esos caracteres) no alcanzan el espesor necesario para que resulten del todo interesantes al lector; es cierto que se trata de una saga, y que el peso de la caracterización no debe ser asumido en un relato en particular, en un episodio, pero, como ya he señalado, estoy refiriéndome únicamente al libro que tengo ante mis ojos. Una lectura más atenta de lo publicado -que podrá confirmar, negar o matizar lo dicho aquí- queda pendiente.
Las historias más breves del libro ("Come on, Barbie, let's go party", "Primera impresión", "24/7" ) me parecieron un poco anodinas, pero funcionan como material a intercalar entre los relatos más ambiciosos y extensos.
La presentación de la historia de los personajes pretende ser dispuesta con el tono narrativo de un cuento para niños; se apela a las frases extra-cortas y a la repetición de los nombres de los personajes en tanto sujetos de las oraciones ("A Alpha le encanta su nueva vida y disfruta ayudando a otros / Alpha volvió a ser feliz"), así como también a una simplificación de las problemáticas de los personajes, una reducción a tonos básicos. Esto podría funcionar en contraste con la manera de abordar esos asuntos en la narrativa "estandar" de la serie, pero no estoy del todo seguro de que -al menos en el volumen 2- eso realmente opere satisfactoriamente. En cualquier caso, la impresión que se obtiene es la de dos instancias de simplificación: una primaria (en los relatos principales) que bosqueja a los personajes en patrones reconocibles y sencillos, y una segunda presente en el volcado de sus historias al lenguaje simple y la presentación más básica.
El libro está acompañado por una nota informativa en que se plantea el escenario ucrónico en que suceden los relatos. Se trata de un Uruguay con un territorio aumentado por la anexión (en 1960) de las Misiones Orientales, después que Brasil fuera afectado por una severa crisis económica. En este contexto opera un fuerte revisionismo histórico en relación al exterminio de los charrúas (ver mi reseña de ¡Deje de afligirse!, de Nicolás Peruzzo y Pablo Gradin), que redunda en el cambio de nombre del departamento de Rivera a "Sal-si-puedes" además de la creación del departamento de "Sepé" en honor al último cacique charrúa. Más allá de que la acción transcurre en "Ciudad Luz", ubicada en lo que en nuestra línea de tiempo sería los departamentos de Durazno y Tacuarembó, al menos en este segundo volumen no hay mayor presencia en los relatos de los hechos ucrónicos, de algo vinculado a la historia alternativa y al revisionismo histórico que opera en ese mundo. Habría que leer la serie completa para estimar el verdadero peso de la ucronía en la ficción de Freedom Knights, y de paso para repensar mis afirmaciones en relación al trabajo sobre los personajes y la compulsión "costumbrista" de algunos segmentos de la trama. Ateniéndome al volumen dos, lo cual no es un abodaje del todo legítimo, me queda la sensación de que los relatos, en general narrados con solvencia, no llegan a interesarme del todo, que sus historias no alcanzan el umbral de mi interés particular en tanto no me aportan situaciones o ideas atractivas en sí mismas.
En cualquier caso, Freedom Knights es ineludible a la hora de pensar el espectro de géneros en el comic uruguayo contemporáneo. El género superheroico -del que la pareja creativa Roy & Bea se desgajó de un modo brillante con el excelente Orange Shaft- no es el mejor representado hasta ahora; la ciencia ficción alcanza un punto alto con Dengue pero también una nota dudosa con Sicotrónica, mientras que el realismo -visceral en el caso de Las partes malas y Vientre, autobiográfico y lúcido en Ranitas- o costumbrismo parece encontrarse en alza. Está claro, entonces, que el género mejor posicionado, hasta ahora, es el histórico: Cardal, Historiatas, La isla elefante y Acto de guerra son claros argumentos a favor de ello.

Publicada originalmente en Partículas Rasantes el 28 de mayo de 2012

lunes, 11 de junio de 2012

Vientre, de Roy & Vollenweider & Fernández



El 2012 viene siendo un gran año para Pablo "Roy" Leguísamo; publicó la novela gráfica Las partes malas (ganadora del premio de relato gráfico de Montevideo Comics, ver mi reseña aquí) junto al dibujante entrerriano Nahus, la novela juvenil Los Pérez viajan a Marte (pendiente de lectura) y además Vientre, otra novela gráfica, en este caso con arte de Lauri Fernández y Nacha Vollenweider.
Las dos novelas gráficas mencionadas tienen una serie de elementos en común que me interesa comentar en esta reseña. El más evidente es quizá que ambas incorporan a sus tramas el tema de la maternidad, pero también hay una actitud de cierto realismo que anima a ambas propuestas: una narración "realista" (como opuesto a idealizada y romántica, digamos) de "las partes malas de la vida" y de los personajes es especialmente iluminada por Rodolfo Santullo en su prólogo a Vientre, centrado en presentar la narrativa de Roy como especialmente "adulta" y "real", en tanto propone una representación sin tapujos de esa vida "increíblemente cruel" que tocó vivir a las protagonistas de la novela y que deja al lector atrapado de una opresiva sensación de inquietud y angustia al cerrar el libro.
Es relación a la manera en que es abordado en Vientre el tema de la maternidad encontramos ante todo una construcción bajo el signo de la duplicidad: dos mujeres y dos historias en apariencia extrañas la una a la otra y que se tocan al final, en un ómnibus que puede pensarse como una metáfora del decurso de la vida (así lo hizo José Lezama Lima en uno de los últimos episodios de Paradiso). De hecho, esto hace pensar en otra coincidencia entre Vientre y Las partes malas, un punto de contacto que habla de cómo ha concebido y construido Roy estas historias: ambas tienen en su final una metáfora visual, el ómnibus de Vientre y el salto base de Las partes malas, ambos pasibles de ser leídos en referencia a un concepto que viene a cerrar la obra. Un cierre en cierto sentido no estrictamente narrativo, por cierto, ya que la apelación a la idea de que "la vida sigue" (que a su vez puede remitir al viejo sentido de la rota medieval y su correspondiente arcano mayor del Tarot, la Rueda de la Fortuna, que nos presenta  a la vida como una sucesión -cíclica, pero en un ciclo no necesariamente pensable en tanto patrón racional- de momentos de felicidad y de desolación) presente en la noción del ómnibus que continúa su viaje viene a sugerir que lo mostrado no tiene más límites que los del relato: ambas vidas seguirán, bien, mal, y quizá la mujer cuyo drama es la incapacidad de concebir podrá eventualmente adoptar (la novela sugiere muy enfáticamente que esto se le niega en una primera instancia por su declaración de vivir sola y sin pareja estable) o, por el contrario, no logrará jamás ser madre y su historia encontrará otros escollos y felicidades ajenas a la maternidad, mientras que la que optó por el aborto podrá -o no- formar una nueva pareja y/o retomar -o no- la vida que llevaba en el pasado reciente, y además, por supuesto, superar -o no- la herida emocional que tan elocuentemente representa Lauri Fernández con la última imagen que aportó para este personaje, manos en vientre (con el gesto de una embarazada, digamos, pero con el vientre vaciado). En otras palabras: la narración -en ambas novelas- se detiene en los límites del concepto construido, como si se tratara de una suerte de fábula (sin moraleja, por otra parte), y se nos señala que, en última instancia, la vida, indiferente, ha de seguir (algo similar opera en el final de Las partes malas, en la yuxtaposición de la imagen del protagonista saltando al vacío -pero firmemente afirmado a la montaña- y la cita de la canción "Resistiré", aquello de "soy como el junco que se dobla / pero siempre sigue en pie").
La idea de duplicidad fue puesta en evidencia además en la publicación original de la novela, en el blog Marche un Cuadrito, que mostraba simultaneamente, en una suerte de doble página vertical, las historias de las dos protagonistas, Micaela y Paula, permitiendo al lector descubrir con mayor facilidad pautas que se repetían, cosa que requiere otro tipo de lectura (de relectura, mejor dicho) en acción para la versión publicada en libro, que ordena la historia no tanto de acuerdo a la unidad de la página doble sino por capítulos sucesivos, dedicados los impares a Paula y los pares a Micaela. La excepción a esta regla es el último episodio, un acierto -en mi opinión- del libro en relación a la versión web; aquí vemos resumida y mutada la estructura del libro en cuatro páginas: la primera dedicada a Paula, la segunda a Micaela, la tercera a la última imagen de ambas sentadas juntas en un asiento de ómnibus (curiosamente no se trata del asiento "maternal", que suele estar a la derecha del conductor) y la cuarta al vehículo en su camino.
Nunca sabremos, por supuesto, si Paula y Micaela intercambian palabras (y a partir de ahí si una llega a conocer la vida y problemas de la otra) en su viaje en ómnibus; el lector sabe que esas historias son complementarias, y parte del desasosiego producido por la novela es producido, precisamente, por entender que la vida de ambas hubiese tomado un camino muy diferente si se hubiesen encontrado antes, en tanto Micaela pudiera entregar en adopción su bebé a Paula, en lugar de abortar. Pero, por supuesto, el encuentro no sucede; o si sucede, fuera del libro, sucede tarde (de hecho de eso se trata: suceder fuera del libro es suceder cuando ya no importa). Aquí la dimensión del futuro (en tanto lugar posible del encuentro o, más específicamente, de la comunicación entre las dos mujeres) está vaciada (como el útero de Micaela) de lo que el lector, por empatía con las protagonistas, desea que suceda o, mejor dicho, desea que hubiese sucedido. Ningún futuro, en ese sentido, será satisfactorio; aunque, a la vez, "la vida sigue", como sugiere el camino del ómnibus. Por lo tanto ese futuro al que las lleva el vehículo es, para el lector, un futuro vacío; todo lo que pueda suceder permanece en la exterioridad más total de la historia; todo lo que surja del posible diálogo entre ambas no podrá más que generar otra historia, que no aportará a la que acabamos de leer, ya cerrada por completo. Esa noción de "clausura" de las dos historias es otro gran acierto de la novela; es cierto que el camino de los personajes sigue, pero estas dos historias contadas ya ha terminado y el "la vida sigue" no nos sirve para mitigar nuestra angustia como lectores; de hecho, dispuesto en el final del libro, hasta parecería un último eco de ironía, como aquello de que llueva en tu boda o que te regalen un boleto gratis después de que hayas pagado.
Indudablemente otro de los aciertos de Vientre es que sean dos las dibujantes que aportan la parte gráfica. Y dos dibujantes diferentes para dos personajes diferentes, casi opuestos podría decirse. Para Paula, que ansía ser madre y choca con una o dos paredes que no esperaba, encontramos el arte de Nacha Vollenweider, desolador por momentos, visceral, que parece envolver a los personajes y sus grises aguados en una maraña de líneas capaces de hacernos sentir que el mundo que los rodea, con su ambiguedad y su indiferencia, es una especie de laberinto derrumbado y caótico. Y para Micaela encontramos el trazo, más fuerte, de Lauri Fernández, más rotundo en el contraste, como si se tratara de un signo de la personalidad del personaje, que vio de alguna manera su vida enfocada hacia una decisión entre dos variables y dio el paso que consideró más viable en el momento. Por contraste, entonces, Paula es un personaje desenfocado, una mente quizá más caótica; el deseo de ser madre posee su vida, por decirlo así, y su conducta se vuelve obsesiva, distanciándola de su marido ya de por sí distante y ambiguo en relación al tema de la maternidad.
Esto nos lleva a la representación de los personajes masculinos, otro tema que comunica Vientre con Las partes malas. El marido de Paula, Gerardo, no sólo no la acompaña de verdad ("de corazón", digamos) en los momentos primarios de su vocación/obsesión maternal sino que planta una barrera infranqueable: cuando ella emplea la primera persona del plural para expresar la incapacidad de la pareja de tener hijos biológicos, él le responde "vos no podés", abriéndose de ella y de la historia (no lo volvemos a ver, de hecho). Recordemos que en el caso de Las partes malas el padre del protagonista también se aparta de la historia, abandonando a sus hijos y a su mujer; y en ambos casos las "madres" (la madre que fue y la madre que no pudo ser) presentan aristas como mínimo "complicadas", por decirlo así, "realistas", para seguir la lectura de Santullo, personajes que trascienden lo caricaturesco o lo unidimensional, logren -o no- despertar la simpatía del lector. Ahora bien, del lado de Micaela también vemos otro abandono; su novio demanda una explicación sencilla ("pero no fue tu culpa, ¿no?") y ella, movida por una sinceridad u honestidad que la lleva a ser incapaz de simplificar la situación para dar la respuesta que él, cabe asumir, quiere escuchar, responde "es todo borroso, no sé", y él la deja y a la historia. Pero tampoco en este caso la situación está presentada en términos simples: la novela propone que la concepción de la pareja que tiene Micaela es, o puede ser, diferente a la de su novio, en tanto se nos la muestra -notoriamente en la página 22- como una persona ante todo independiente (lo cual, por supuesto, conduce a la decisión que tomará al final y, además, podemos pensar que influyó en el alejamiento decidido por su novio). La otra figura masculina en la vida de Micaela, Diego, juega un papel más minoritario y ambiguo.
En cuanto a las figuras femeninas aparte de las protagonistas, las más notorias son la madre de Micaela, que no logra influir en la decisión de su hija (aunque sí quizá en su sensación de culpa), y las "otras madres" que aparecen en la historia de Paula (p.12) y le comentan varios aspectos percibidos como negativos de la maternidad... cosa que Paula asume como elementos que la ayudarán a "estar preparada".
La construcción de los personajes, entonces, siempre incorpora una complejidad extra, una dimensión de ambiguedad, de riqueza; esto, de hecho, funciona mucho mejor en estos trabajos recientes de Roy que en esfuerzos anteriores como algunas de las historias de Freedom Knights (ver aquí mi reseña del segundo volumen recopilatorio) donde el intento de aportar un mayor espesor a los personajes podía verse como más forzado y menos satisfactorio. Esto, además, nos lleva a considerar el camino que ha seguido Roy como autor, desde su dedicación al género de superhéroes hasta este afincamiento en un realismo visceral y desgarrador; por supuesto que cambiar superhéroes por personas reales no es necesariamente una virtud en sí misma: sí lo es la complejidad de los personajes (demandada, además, por el realismo de Las partes malas y Vientre) y el excelente manejo de la trama y su estructura, visible en ambas novelas. El uso de las metáforas visuales (el ómnibus como representación de decurso de la vida, en ambas novelas, el salto en Las partes malas), además, y las buenas decisiones editoriales (trabajar con dos artistas en Vientre, por ejemplo, y dos artistas excelentes) logran que Roy se convierta en uno de los guionistas más sólidos de la historieta uruguaya contemporánea.

Publicada originalmente en Partículas Rasantes el 31 de mayo de 2012